El Comedor Zarigüeyas nació desde la necesidad y la falta de servicios en la comunidad; su fundadora, Marina Buenrostro -desde el 2014-, aseguró que el proyecto surgió como una respuesta directa a la urgencia de alimentación y sobrevivencia en la zona, ubicado en la Calle 68 & Calle 187 Diagonal, Guadalupana en Mérida, y que hasta el día de hoy atienden a 61 niñas y niños diariamente.
El comedor es una asociación sin fines de lucro y laica, que además de brindar alimentos, impulsa otros proyectos enfocados en la educación —cuentan con una biblioteca— y el empoderamiento de mujeres. Actualmente trabajan con 35 “madres zarigüeyas”, nombre que adoptaron porque, explicó Buenrostro, “todas cuidan a todos los niños”.
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En materia de formación, recientemente concluyeron talleres de empoderamiento y de mujeres en la política; además, mujeres mayahablantes han aprendido a leer y escribir, y este día finalizan talleres de bordados ancestrales. También cuentan con certificación obtenida en la Ciudad de México por su participación en los talleres “Mujeres Replicadoras de Paz” del Gobierno Federal y la ONU.
El comedor funciona en un horario de cocina de 9:00 a 3:00 de la tarde, mientras que los talleres se desarrollan por las tardes; incluso pueden recibir facilitadores que deseen impartir actividades. Asimismo, es posible realizar voluntariado en ciertas áreas o servicio social.
Para sostener el proyecto, anotó que realizan venta de PET y latas de manera mensual, recurso que se destina a la compra de alimentos como pollo o ingredientes para platillos como frijol con puerco. También reciben donaciones en especie, y donativos como verduras, pollo, libros, ropa en buen estado y medicamentos pediátricos son bien recibidos. De igual forma, aceptan macetas y plantas, ya que cuentan con huerto y rescatan árboles para de igual manera mantener el espacio con vida.
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En el área del Huerto, Margarita Cauich aseveró que ahí cultivan ciruela de monte, planta de jícama, vainilla, carambola, hoja santa, pimienta Tabasco, plátano macho, caña de azúcar, árnica, achiote, naranjita de San José —en peligro de extinción—, cilantro, remolacha, betabel, epazote, chile morita, habanero, menta, cebollín, hierbabuena, romero, dormilona, albahaca, riñolina —usada como té medicinal— y papaya, entre otras especies.
Buenrostro señaló que la seguridad en la zona es buena y que continúan trabajando para ampliar las comodidades del espacio. Además, agregó que a finales de enero, gracias a una donación en efectivo de Boston Scientific, inauguraron la construcción de una nueva área de cocina y de usos múltiples, inaugurada los días 25 y 26 del mes pasado.
Finalmente, sentenció que el comedor ha sido reconocido con el “Premio Ciudadano del Año” y que seguirán trabajando para fortalecer el proyecto y ampliar su impacto en la comunidad. Voluntarios, incluso provenientes de Chicago, colaboran en horarios de 3:30 a 6:30 de la tarde, sumándose a esta red donde, como su nombre lo indica, todas y todos cuidan de todos.