En Yucatán, miles de mujeres enfrentan una forma de violencia que pocas veces deja huellas visibles, pero que condiciona su independencia, sus decisiones y hasta su permanencia en espacios laborales: la violencia económica.
En el marco del Día Naranja, que se conmemora cada 25 de mes para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres y niñas, la Secretaría de las Mujeres (Semujeres) alertó sobre la necesidad de identificar estas conductas que suelen normalizarse en las relaciones de pareja y familiares.
De acuerdo con información proporcionada por la dependencia estatal, la violencia económica ocurre cuando una persona controla, limita o restringe el acceso de una mujer a recursos, ingresos o bienes, afectando directamente su autonomía y capacidad de decisión.
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Esta agresión puede manifestarse desde impedir que una mujer trabaje, controlar sus gastos, obligarla a entregar su salario, excluirla de decisiones patrimoniales o incluso presionarla para solicitar créditos o deudas.
Reconocer señales
“La violencia económica rara vez hace ruido; muchas veces se esconde detrás de frases como ‘yo administro’, ‘firma aquí’ o ‘no necesitas trabajar’”, señalaron autoridades de Semujeres al insistir en la importancia de reconocer estas señales para prevenir situaciones de mayor riesgo.
La dependencia explicó que este tipo de violencia también se refleja en desigualdades laborales, como recibir un salario menor por el mismo trabajo dentro de un mismo centro laboral, además de sabotajes o presiones que impiden a las mujeres conservar un empleo o crecer profesionalmente.
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Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el país más del 70% de las mujeres mayores de 15 años ha vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y una parte importante enfrenta afectaciones relacionadas con el control económico y patrimonial. Especialistas advierten que esta situación incrementa la dependencia financiera y dificulta que las víctimas puedan salir de círculos de violencia.