Campeche

Manglares en Campeche: La Península pierde su barrera natural contra huracanes

La Península de Yucatán ha perdido alrededor de 20% de su cobertura forestal de manglares en 25 años, con una devastación promedio de 10 mil hectáreas cada año.

¿Qué está pasando con los manglares de la Península de Yucatán? Pierde 10 mil hectáreas al año
¿Qué está pasando con los manglares de la Península de Yucatán? Pierde 10 mil hectáreas al año

La Península de Yucatán ha perdido alrededor de 20 por ciento de su cobertura forestal de manglares y zonas de amortiguamiento durante los últimos 25 años, con una devastación promedio de 10 mil hectáreas cada año, advirtió el biólogo Yuri Jorge Peña Ramírez, investigador titular de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

De acuerdo con un análisis de GlobalNatureWatch.org, la Península de Yucatán se encuentra como la región de México con la mayor pérdida de cobertura forestal durante las últimas dos décadas. El deterioro representa un golpe para la biodiversidad y también una amenaza para la pesca, la seguridad de las comunidades costeras y la disponibilidad de agua.

A título personal, Peña Ramírez explicó que los manglares constituyen una barrera natural entre el océano y la tierra, por lo que su desaparición deja a las costas en una condición de mayor vulnerabilidad ante huracanes, inundaciones y procesos de erosión. La pérdida de estos ecosistemas reduce además la capacidad natural del territorio para enfrentar fenómenos meteorológicos extremos.

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El investigador destacó que los manglares cumplen una función esencial para las especies marinas, debido a que sus raíces y cuerpos de agua sirven como zonas de reproducción, refugio y crianza. Estos ecosistemas funcionan como auténticas “guarderías” naturales para peces y otros organismos, por lo que su destrucción afecta de manera directa el ciclo de vida de numerosas especies.

La pérdida de manglares también tiene consecuencias sobre la actividad pesquera, debido a que la reducción de las áreas de reproducción y crianza disminuye el número de organismos que posteriormente llegan al mar. Peña Ramírez señaló que esta relación convierte a los ecosistemas costeros en un elemento fundamental para la economía de las comunidades que dependen de la pesca.

El investigador advirtió que los desarrollos turísticos que destruyen manglares no sólo modifican el paisaje y reducen la superficie forestal, sino que también alteran las cadenas alimenticias. La desaparición de estos espacios puede provocar una menor disponibilidad de especies marinas y afectar los ingresos de familias que encuentran en la pesca una de sus principales fuentes de sustento.

El impacto ambiental también alcanza el ámbito de la salud pública, debido a que la pérdida de cobertura forestal elimina hábitats de depredadores naturales de mosquitos y otras plagas. Esta alteración puede favorecer la proliferación de determinados organismos y aumentar el riesgo de enfermedades transmitidas por virus, además de generar desequilibrios que dificulten el control de plagas agrícolas.

Peña Ramírez puso como ejemplo las zonas construidas sobre manglares, como Dos Bocas, donde las inundaciones forman parte de las condiciones naturales del territorio. A su consideración, ninguna infraestructura humana puede sustituir la eficiencia de estos ecosistemas, cuya capacidad de adaptación es resultado de millones de años de evolución.

Los manglares poseen una estructura capaz de soportar fuertes embates del mar y reducir parte de la energía de las olas antes de que alcance tierra firme. Cuando esa barrera desaparece, las comunidades y las obras construidas en las zonas costeras quedan expuestas a una mayor intensidad de los fenómenos naturales, con consecuencias económicas y sociales.

En Campeche, la situación adquiere una dimensión particular debido a que numerosas comunidades se encuentran asentadas en las inmediaciones de zonas de manglar. Peña Ramírez alertó que la destrucción de esta barrera natural puede facilitar el avance del agua de mar hacia el subsuelo y favorecer la infiltración de agua salada hacia el interior de la Península.

El riesgo también alcanza los mantos de agua dulce, una de las reservas fundamentales para el consumo humano y las actividades productivas de la región. La entrada de agua salada puede provocar procesos de salinización que vuelvan inutilizables determinadas fuentes de abastecimiento, incluso para actividades agrícolas que dependen del agua subterránea.

La vulnerabilidad de la Península de Yucatán está relacionada con las características de su territorio, donde los sistemas de agua subterránea tienen una importancia estratégica. Por esa razón, la conservación de los manglares no debe considerarse sólo como una medida para proteger la biodiversidad, sino también como una acción de protección para las reservas de agua que sostienen a las comunidades.

La pérdida anual de alrededor de 10 mil hectáreas representa, de acuerdo con la advertencia del especialista, mucho más que una cifra relacionada con el deterioro ambiental. El avance de la deforestación compromete la protección de las costas, reduce espacios indispensables para las especies marinas y aumenta la vulnerabilidad de las comunidades ante fenómenos meteorológicos.

La Península de Yucatán enfrenta así la reducción acelerada de uno de sus principales sistemas naturales de protección. Para Campeche, donde comunidades enteras mantienen una estrecha relación con los manglares y los recursos costeros, la pérdida de esta cobertura representa un riesgo que puede extenderse desde la actividad pesquera y la seguridad ante huracanes hasta la disponibilidad futura de agua dulce