El más grande deportista yucateco ha muerto. A los 78 años y víctima de un ataque cardíaco, el legendario Maestro Miguel Canto Solís dio su último adiós, dejando una huella imborrable en la historia del pugilismo.
Miguel es la máxima leyenda del boxeo de nuestro Estado, se convirtió el 8 de enero de 1975 en el primer campeón mundial de boxeo de Yucatán, venció en Sendai, Japón, al local Shoji Oguma para ceñirse el cinturón de Peso Mosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) por decisión en 15 asaltos.
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Mantuvo el título durante más de cuatro años, entre 1975 y 1979, realizó 14 defensas exitosas y perdió el cinturón el 18 de marzo de 1979 al caer por decisión en quince asaltos ante el surcoreano Chan Hee Park. El 9 de septiembre se dio la revancha que terminó en empate, posterior a esto comenzó la debacle de su carrera.
Colgó los guantes con un récord profesional de 61 victorias -15 de ellos por la vía del cloroformo-, nueve derrotas y cuatro empates en un total de 74 peleas.
Fue exaltado en el Salón de la Fama del boxeo internacional en 1998 y también fue nombrado como el Peleador del Siglo en el peso mosca por la agencia AP.
Con un metro con 54 centímetros de estatura, fue poseedor de una gran finura con los guantes, fue el Maestro que demostró que, sobre el ring, la mente siempre será el golpe más contundente.
Por más de 30 años doña Irma Rodríguez Lara fue su compañera de vida, lo acompañó en sus buenos momentos, pero también en los más complicados.
“Era una bella persona, un amor de hombre, fuimos muy felices a pesar de los momentos difíciles que tuvo con su salud, fue el amor de mi vida (…) siempre estuve pendiente de él, nunca le faltó nada, ni médicos, ni comida ni atención, siempre procuré darle lo que necesitaba”, comentó visiblemente afectada su viuda, Irma Rodríguez Lara.
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“Cuando él estaba bien, salíamos mucho a pasear, a dar la vuelta, conversábamos mucho, tomábamos nuestro café en la casa, había algo que nos conectaba como pareja, él era alegre”.
Recordó que cuando salían a pasear era muy común que la gente los detuviera para pedir una foto con el campeón y que a él le fascinaba eso.
“Él decía que si pudiera seguir peleando estaría sobre el ring, el boxeo fue su vida, estaba muy orgulloso de su carrera, aunque a la larga tanto golpe fue lo que le afectó su enfermedad”.
“Me siento muy tranquila, me duele en el alma, pero estoy muy tranquila porque lo atendí hasta su último momento, no hubo un sólo día que él no estuviera muy querido, sé que mucha gente lo quiere y se lo agradezco al alma”, expresó la señora Irma.