La salida de la líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, no fue un viaje cualquiera. Detrás hubo una operación clandestina bautizada como “Dinamita Dorada”, coordinada por Bryan Stern, fundador de la organización Grey Bull Rescue Foundation, especializada en rescates en zonas de conflicto y desastre.
En entrevista con medios internacionales, Stern relató que su equipo llevaba meses construyendo infraestructura discreta en el Caribe —incluida Venezuela y la isla de Aruba— para evacuar a ciudadanos estadounidenses, aliados y otros perfiles de alto riesgo ante un posible escenario de guerra.
En ese contexto surgió la solicitud del equipo de Machado, cuyo primer intento de salida habría fracasado.
Disfraces, dos barcos y un mar embravecido: los detalles del escape
La operación se diseñó pensando en la enorme exposición de Machado, a quien Stern describe como “una de las personas más populares del país, con una diana en la espalda”.
Para evitar ser detectada, se recurrió a disfraces y medidas para ocultar su identidad física y digital, incluida la protección ante sistemas biométricos y el rastreo de dispositivos móviles.
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Desde la casa donde permanecía oculta, Machado fue trasladada por tierra hasta un punto de encuentro en la costa. Ahí abordó una pequeña embarcación que la llevó mar adentro hasta un segundo barco de mayor tamaño, donde se reunió con el propio Stern.
El trayecto marítimo se realizó en plena noche, con olas de hasta tres metros, lluvia intensa y bajas temperaturas.
Según el relato, la opositora llegó empapada y tiritando de frío, pero no se quejó ni una sola vez; solo aceptó un suéter para resguardarse. Finalmente, fue llevada a tierra firme en un punto seguro, desde donde tomó el avión privado que la condujo a Oslo para recibir el Nobel.
Operación financiada por donantes y sin respaldo oficial de EU
Stern aseguró que “Dinamita Dorada” fue financiada por donantes privados, y negó que el gobierno de Estados Unidos haya aportado recursos directos.
Sí hubo, dijo, coordinación informal con algunos Estados nacionales y agencias de inteligencia y diplomacia de distintos países, a los que se les notificó del movimiento por razones de seguridad.
Para proteger a quienes colaboraron dentro de Venezuela, el equipo mantuvo en secreto sus identidades. Muchas de las personas involucradas —explicó Stern— realizaron tareas que consideraban rutinarias, sin saber que eran piezas clave del operativo.
María Corina Machado ha reiterado su intención de regresar a Venezuela, pese a la persecución que la llevó a vivir en la clandestinidad. Stern admite que le aconsejó no hacerlo por el nivel de riesgo, pero reconoce que, como figura central para la oposición venezolana, la decisión final será exclusivamente de ella.
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