El hundimiento de la Ciudad de México ha entrado en una fase crítica, de acuerdo con nuevos datos obtenidos por tecnología satelital de la NASA, que revelan una aceleración del fenómeno en distintas zonas de la capital.
Según el más reciente monitoreo del satélite NISAR —desarrollado por la NASA en colaboración con la agencia espacial india— algunas áreas de la ciudad registraron descensos de más de 2 centímetros por mes entre finales de 2025 e inicios de 2026.
Este nivel de detalle, obtenido prácticamente en tiempo real, representa un avance significativo en la medición del deterioro del suelo urbano.
¿Qué revela el nuevo estudio de la NASA?
El uso de esta tecnología permite observar con precisión milimétrica los cambios en la superficie terrestre, confirmando que el hundimiento no solo continúa, sino que se intensifica en ciertas zonas del Valle de México.
Este seguimiento constante podría convertirse en una herramienta clave para la planeación urbana, al anticipar riesgos en infraestructura, vialidades y zonas habitacionales que se ven afectadas por el movimiento del suelo.
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¿Por qué se hunde la Ciudad de México?
Especialistas coinciden en que el principal factor es la sobreexplotación de los acuíferos, combinada con la naturaleza del terreno. La ciudad fue construida sobre lo que alguna vez fue un sistema lacustre, cuyos sedimentos, en especial las capas de arcilla, son altamente compresibles.
Investigaciones previas, retomadas por Science Alert con base en estudios de la UNAM, advierten que la extracción continua de agua subterránea ha provocado que estas capas se compacten de manera irreversible.
Un problema que no tiene marcha atrás
Datos históricos muestran que el hundimiento ha sido constante durante más de un siglo. A principios del siglo XX, la ciudad descendía alrededor de 8 centímetros por año; posteriormente, esta cifra llegó a casi 30 centímetros anuales en algunas etapas.
En años recientes, mediciones de alta resolución han identificado que ciertas zonas pueden alcanzar hasta 40 centímetros de hundimiento por año, particularmente en el centro histórico.
Los científicos advierten que este proceso es prácticamente irreversible. Incluso si se recuperaran los niveles de agua en los acuíferos, la estructura del suelo ya no podría volver a su estado original.
Impacto en infraestructura y riesgo para el agua
El hundimiento desigual del terreno provoca fracturas, grietas y deformaciones que afectan viviendas, calles, redes de drenaje y sistemas hidráulicos. Además, aumenta el riesgo de inundaciones en temporadas de lluvia.
Otro de los principales focos de preocupación es el agua. Actualmente, cerca del 70 por ciento del suministro en la capital proviene de acuíferos subterráneos, lo que agrava el problema. La degradación del suelo también podría facilitar la filtración de contaminantes hacia estas reservas.
¿Qué puede pasar en el futuro?
Las proyecciones científicas indican que las capas de arcilla podrían comprimirse hasta en un 30 por ciento en las próximas décadas. Aunque este proceso tomará tiempo, los efectos ya son visibles en múltiples zonas de la ciudad.
Además, la falta de un sistema eficiente de captación de agua de lluvia y reutilización de aguas residuales complica aún más el panorama, especialmente en colonias con menor acceso a servicios básicos.
El hundimiento de la Ciudad de México no es un fenómeno nuevo, pero los datos recientes confirman que se trata de un problema estructural que avanza y que, sin acciones integrales, podría profundizar sus efectos en la vida cotidiana de millones de habitantes.
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