Quintana Roo

El 37.5% de los adultos mayores en Quintana Roo sigue trabajando para sobrevivir

Alrededor del 40% de las personas de la tercera edad en Q. Roo se mantiene activo laboralmente.

Un gran porcentaje está sin un oficio, pero  necesita contar con una entrada de dinero a pesar  de recibir la pensión universal o ayudas sociale
Un gran porcentaje está sin un oficio, pero necesita contar con una entrada de dinero a pesar de recibir la pensión universal o ayudas sociale / Liza Vera

En Quintana Roo, 45 mil de los 120 mil adultos mayores (37.5%) aún deben mantenerse activos laboralmente para subsistir. El Informe Anual sobre la Situación de Pobreza y Rezago Social detalló que la mayoría de estas personas de 65 años o más trabajan sin prestaciones ni seguridad social, basándose en los datos más recientes de instituciones como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

El último censo reveló una brecha marcada: mientras 11 mil adultos mayores tienen trabajo formal, cerca de 34 mil laboran sin protección laboral alguna. Del resto de la población de 65 años o más, muchos están desempleados, pero requieren generar ingresos adicionales porque la pensión universal o las ayudas sociales resultan insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.

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A sus 68 años, “Beto” es un rostro conocido entre quienes laboran en la terminal de autobuses de Cancún. Él es parte de esa realidad que obliga a muchos a buscar el sustento en la informalidad.

Frente a la central de ADO, entre el ir y venir de maletas y el ruido constante de motores, el hombre guía con cuidado el movimiento de los vehículos. Su voz, amable tanto en español como en inglés, recuerda su pasado en Estados Unidos y su trayectoria en la zona hotelera; sin embargo, su presente es distinto: su jornada laboral responde ahora al llamado de la necesidad.

Su historia, la de un extrabajador turístico con dominio de idiomas que terminó dependiendo de la ayuda de la gente, refleja la cruda situación de quienes llegan a la vejez sin recursos suficientes para retirarse con dignidad.

“Llegué en 1987, antes del Huracán “Gilberto”. Me tocó trabajar en el hotel Paradise, que estaba frente a Plaza Caracol. Era otro Cancún, a pesar de que yo había vivido en Miami, en Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y San Diego”, dijo.

Beto dijo que se gana la vida como “viene viene” afuera del ADO / Liza Vera

En Cancún, consiguió empleo en hoteles de la zona hotelera, después pasó al aeropuerto, donde su dominio del inglés fue la herramienta clave para destacar. Mientras relataba su historia y hacía gala de su fluidez en ese idioma, recordó con orgullo los años en el aeródromo tratando con viajeros de todo el mundo. Al avanzar en su historia, mencionó que su trayectoria laboral concluyó como jefe de “pernocteros”.

“Ahora estoy acá porque me gusta mi libertad, además por esa señora que está allá sentada”, dijo Beto señalando a una mujer de más de 80 años que también trabaja en la terminal con su franela.

“A ella le quitaron su casa y desde el 2016 me comprometí a apoyarla porque la dejaron en la calle; ahora vive conmigo. Yo le sigo porque estoy entero, soy de barrio bravo”, mencionó.

A veces le dan monedas, otras solo una sonrisa breve. Con eso sostiene su jornada y por tal motivo regresa cada mañana, aun cuando el cuerpo reclama descanso.

En Cancún, donde el turismo proyecta una imagen de riqueza, su estampa se narra un relato distinto: el de quienes envejecen sin protección y laboran por necesidad, no por gusto.

Aunque no existe un registro preciso de cuántas personas mayores dependen de la informalidad en este sitio, observar la terminal confirma que esto ocurre con frecuencia.

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Problemática en Cozumel

Mientras tanto, en Cozumel, los adultos mayores continúan laborando no por una decisión personal, sino por la urgencia económica que imponen las pensiones insuficientes y el elevado costo de vida. Esta realidad es evidente en supermercados, comercios y sectores vinculados al turismo, donde este sector de la población se ve forzado a prolongar su vida laboral para cubrir sus gastos básicos diarios.

En los supermercados de la isla es frecuente ver a adultos mayores trabajando como empacadores voluntarios, una actividad impulsada por el DIF Cozumel mediante la denominada Carta Laboral Inclusiva. Si bien este esquema les permite recibir propinas y mantenerse en actividad, no les garantiza un salario fijo ni prestaciones laborales.

“Con la pensión no alcanza para todo. La renta, la luz y la comida suben cada año”, explicó Manuel, de 72 años, quien labora como empacador desde hace tres años.

Detalló que su ingreso diario depende del flujo de clientes, llegando a tener jornadas donde apenas logra reunir lo necesario para su transporte.

María Elena, de 68 años, quien vende dulces en el centro de la ciudad, señaló que comenzó a trabajar nuevamente tras enviudar.

“No quería depender de mis hijos; prefiero generar mi propio dinero”, afirmó; sin embargo, reconoció que las condiciones no siempre son favorables, especialmente durante temporadas bajas.

En una isla cuya economía depende en gran medida del turismo, el contraste es visible, ya que mientras la actividad comercial dinamiza el entorno, muchos de los adultos mayores siguen trabajando para cubrir necesidades básicas, reflejando una problemática social que va más allá del ámbito local.