Ayer concluyó el curso de buzos de combate en el Subcentro de Adiestramiento de Buceo, en Cozumel, donde nueve elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional obtuvieron su certificación tras completar una de las capacitaciones más exigentes en materia de operaciones especiales.
De acuerdo con la información recabada, tres graduados pertenecen a las fuerzas especiales de la Guardia Nacional y seis al Cuerpo de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, quienes durante 12 semanas fueron sometidos a un proceso de formación dividido en dos fases: una inicial en el centro del país, enfocada en técnicas básicas de buceo, y una segunda etapa en aguas abiertas del Caribe, con entrenamiento especializado.
En esta última, los elementos ejecutaron maniobras de alta complejidad, como saltos desde helicóptero al mar, inmersiones tácticas con sistemas de circuito cerrado –que permiten operar sin emitir burbujas– y técnicas de extracción mediante cuerdas, simulando escenarios reales de combate, rescate e infiltración en zonas de difícil acceso.
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La ceremonia de graduación contó con la presencia de mandos militares, entre ellos el coronel de infantería Donato Rivera Ríos, comandante del Primer Batallón de Fuerzas Especiales; el coronel Ernesto Zapata Ramírez, mayor de órdenes de la Guarnición de Cozumel, y el teniente coronel Héctor Uzcanga Román, jefe del Subcentro de Adiestramiento de Buceo.
Durante el acto, dos elementos fueron reconocidos por su desempeño y profesionalismo a lo largo del curso, el cual estuvo supervisado en distintas etapas por mandos del Cuerpo de Fuerzas Especiales, como parte de la estrategia de fortalecimiento operativo entre distintas unidades de élite.
Autoridades destacaron que este tipo de adiestramiento permite consolidar capacidades conjuntas entre el Cuerpo de Fuerzas Especiales, la Brigada de Fusileros Paracaidistas y la Fuerza Especial de Reacción e Intervención de la Guardia Nacional, con el objetivo de responder tanto en escenarios de combate como en situaciones de emergencia.
La ceremonia concluyó con la colocación de la insignia de buzo de combate y la tradicional palmada en el pecho, marcando el cierre de una preparación enfocada en operaciones de alto riesgo en tierra, mar y aire.