Reyna Lesley Tamayo Carballo, diputada local plurinominal y presidenta del Comité Directivo Estatal del PAN en Quintana Roo, mantiene su aspiración de convertirse en candidata a la gubernatura del estado en 2027, a pesar de aparecer relegada en las encuestas internas con apenas el 11.5% de las preferencias, muy por debajo de Mayuli Martínez Simón. Su doble rol como dirigente y legisladora ha desatado tensiones internas que exponen el control del partido por un grupo reducido, en medio de una organización sumida en una crisis de credibilidad ante el dominio político de Morena.
Tamayo Carballo inició su trayectoria como regidora en el Ayuntamiento Benito Juárez, de donde solicitó licencia para asumir las riendas del Comité Directivo Estatal en 2022, sucediendo a Faustino Uicab Alcocer con más del 77% de los votos en una elección interna cuestionada. Posteriormente, se reeligió como dirigente para el periodo 2024-2025 en un proceso acompañado de denuncias por presuntas irregularidades, favoritismos y falta de democracia.
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Como diputada en la XVIII Legislatura, coordina la bancada panista y preside comisiones como la de Desarrollo Familiar; sin embargo, su labor legislativa ha sido calificada de intrascendente por críticos que le reclaman nulos avances en transparencia, anticorrupción o soluciones reales en favor de los quintanarroenses.
Su permanencia al frente del instituto político ha generado inconformidad. Militantes y cuadros internos la acusan abiertamente de nepotismo y concentración de poder. Su esposo, Baltazar Tuyub Castillo, es señalado como un operador político que maneja estructuras clave, lo que ha llevado a diversas facciones a asegurar que el partido es operado por un círculo cerrado. Estas prácticas han provocado señalamientos públicos por intromisión en procesos de renovación de dirigencias municipales y consejerías estatales.
Las fricciones alcanzaron mayor visibilidad en septiembre de 2025, cuando el secretario general del Comité Directivo Estatal, Germán González Pavón, la denunció públicamente por intentar controlar el partido mediante prácticas desleales, dádivas e imposición de personajes externos, violentando los principios de democracia interna. Críticos sostienen que bajo su mando el PAN ha sido sometido a una conducción autoritaria que ahuyenta a la militancia y limita una renovación genuina.
El divisionismo provocado por la dirigencia es constante. Los procesos de selección de candidaturas y la renovación de comités municipales han estado marcados por inconformidades, reclamos y acusaciones de fraude interno.
Durante su reelección, los opositores calificaron el proceso de antidemocrático y denunciaron maniobras para controlar el voto. Sectores panistas la responsabilizan de mantener al partido estancado durante años, contribuyendo directamente a los reiterados fracasos electorales que han dejado al blanquiazul sin capacidad real de competencia.
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Aunque no existen denuncias penales por corrupción patrimonial en fuentes públicas, los señalamientos por influyentismo y el uso del partido para intereses personales y familiares son constantes. Su estrategia de competir sin coaliciones en 2027, descartando alianzas amplias, es vista por diversas corrientes como un error que aislará aún más al PAN en un estado que exige una oposición sólida.
La radiografía de Reyna Lesley Tamayo Carballo revela a una política con un ascenso vertiginoso en cargos partidistas y legislativos, pero cuya gestión ha exacerbado las divisiones y alimentado percepciones de control familiar. Su aspiración a la gubernatura ocurre en medio de una baja intención de voto y cuestionamientos severos sobre si su liderazgo fortalece o debilita el papel de la oposición en Quintana Roo, afectando la representación efectiva de la ciudadanía frente a un partido en el Gobierno que avanza sin contrapesos institucionales.