Quintana Roo / Cancún

PAN llega debilitado rumbo a la presidencia municipal de Benito Juárez en el 2027

Según encuestas recientes, la preferencia ciudadana lo deja lejos de la contienda con un raquítico 12%.

La radiografía es desoladora, el grupo político sigue vivo de milagro y lejos de ser competitivo en Quintana Roo
La radiografía es desoladora, el grupo político sigue vivo de milagro y lejos de ser competitivo en Quintana Roo / Especial

A menos de un año de que arranque formalmente el proceso electoral rumbo a la presidencia municipal de Benito Juárez en el 2027, el Partido Acción Nacional (PAN) atraviesa uno de sus peores momentos en la principal ciudad del estado. Lo que alguna vez fue un bastión opositor con músculo territorial se ha convertido en una estructura golpeada por derrotas consecutivas, conflictos internos que lo debilitan y destruyen su imagen y una preferencia ciudadana que, según las encuestas más recientes, lo deja muy lejos de la contienda.

En las preferencias partidistas entre los cancunenses el PAN apenas alcanza un raquítico 12 por ciento, según la más reciente entrega de Destino 27 de CE Research—, lo que muestra que el blanquiazul no sólo enfrenta el reto de reconstruir su imagen, lucha por sobrevivir como opción creíble en una elección que desde ahora parece que ya se le escapa de las manos.

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El mapa actual: un partido en tierra de nadie

Los números duros no mienten y son implacables. En careos hipotéticos, cualquier carta de Morena aplasta ampliamente a la opción panista. El partido guinda triplica en intención de voto a los demás partidos en Benito Juárez.

Ese es el panorama desolador en el que opera el PAN local, con una militancia desmoralizada que ha visto cómo se diluye su influencia en colonias históricamente azules y con un electorado harto, que, según sondeos, prioriza “al candidato” por encima de unas siglas cada vez más desgastadas.

El Comité Directivo Municipal, que dirige Jorge Pat Miss, intenta mantener el barco a flote con parches. Reelecto en un conflictivo proceso interno reciente, Pat emerge como la figura con mayor reconocimiento en el interior del partido: un 33 por ciento de las preferencias panistas lo colocan al frente. Sin embargo, una dura verdad es que casi tres de cada 10 militantes o simpatizantes preferirían “otro precandidato” antes que consolidar las opciones que hoy circulan. Un respaldo tibio para quien aspira a gobernar Cancún.

Reyna Tamayo Carballo, dirigente estatal, aspira a la gubernatura / Especial

Los que se perfilan: nombres y trayectorias

Jorge Pat Miss no llega solo al ring, pero su liderazgo municipal lo expone más que a nadie. Perfil clásico de operador territorial, con presencia en las estructuras del partido y diálogo con la militancia, representa la continuidad de un PAN que parece incapaz de reinventarse.

Su principal activo —conocimiento del terreno y redes locales— se convierte también en su mayor lastre: el desgaste acumulado de quien ha estado al frente en tiempos de debacle opositora. Su reto, casi titánico, es demostrar que puede ampliar el voto más allá de un núcleo duro cada vez más reducido.

En el radar aparecen también Rafael del Moral y el muy cuestionado exdiputado local Eduardo Martínez. Del Moral, con trayectoria en administración y vínculos a círculos empresariales, suena en conversaciones internas como un perfil con cierta capacidad de diálogo.

Martínez trae experiencia legislativa, pero genera aún menos entusiasmo en las encuestas. A ellos se podría sumar Reyna Lesley Tamayo Carballo, la dirigente estatal del partido, en caso de no conseguir la candidatura a la gubernatura. Un cuadro limitado para una ciudad del tamaño y complejidad de Cancún.

Conflictos internos debilitan su imagen

Los conflictos internos que debilitan al partido y su imagen no son nuevos, pero se han agudizado hasta volverse crónicos. Fuentes cercanas a las estructuras panistas hablan abiertamente de “tribus” que jalan para lados opuestos: unos exigen una renovación más ciudadana y abierta, otros se aferran al control de los militantes históricos como si fuera propiedad privada.

El PAN nacional abrió las candidaturas al 100 por ciento a ciudadanos buscando oxigenarse, pero en la práctica sólo ha generado más roces, desconfianzas y acusaciones de dilución de la identidad partidista.

No existe, hasta ahora, una definición clara ni un candidato de unidad. Y eso, a menos de un año de la elección, alimenta especulaciones venenosas y movimientos subterráneos. Algunos cuadros históricos ven con recelo cualquier irrupción externa; otros, más pragmáticos, admiten que sin ampliar el arco de simpatizantes será casi imposible pelear siquiera el segundo lugar.

El PAN en Quintana Roo y particularmente en Benito Juárez arrastra heridas profundas de procesos pasados. Las recriminaciones cruzadas han dejado un partido fragmentado. En redes y pasillos se filtran quejas constantes sobre ausencia de una estrategia unificada, recursos concentrados en pocas manos y una comunicación que falla estrepitosamente en conectar con las demandas reales de la gente: inseguridad, movilidad caótica, rezagos en servicios básicos y un modelo turístico que enriquece a pocos mientras deja a la mayoría de cancunenses con las migajas.

Jorge Pat Miss ha intentado tender puentes, pero el ecosistema panista en Cancún sigue hecho pedazos. Las posibles alianzas con el PRI y MC chocan contra desconfianzas históricas y egos inflados que complican cualquier acuerdo serio. El PAN local parece condenado a nadar a contracorriente.

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¿Hacia dónde va el blanquiazul?

La realidad del PAN en Cancún es cruda: un partido que necesita una sacudida brutal si no quiere seguir siendo irrelevante. Definir un proyecto claro, cerrar filas de una vez o al menos gestionar sus diferencias con inteligencia mínima, y —sobre todo— reconectar con una ciudadanía hastiada de promesas incumplidas de todos los colores.

Los aspirantes tienen perfiles con experiencia en el papel, pero ninguno enciende la chispa masiva que se necesita para voltear las tendencias. Pat Miss lidera las preferencias internas, pero el partido completo se hunde en las generales. Rafael del Moral y Eduardo Martínez completan un panorama que, sin unidad real, amenaza con diluirse en una interna desgastante y estéril.

Faltan meses decisivos. El PAN nacional habla de apertura ciudadana y busca “sorpresas” para el 2027. En Cancún, la militancia y los posibles candidatos tendrán que decidir si repiten la fórmula fallida de siempre —con los resultados conocidos y dolorosos— o intentan construir algo distinto. Por ahora, la radiografía es desoladora: un partido vivo de milagro, herido de muerte por sus propios conflictos internos, debilitado y con un camino cuesta arriba para volver a ser competitivo en Cancún.