La uva de mar posee importantes propiedades alimenticias y, durante décadas, formó parte de la dieta de los habitantes nativos. Sin embargo, el avance de la infraestructura turística ha destruido gran parte de su hábitat en Isla Mujeres. Vecinos consideraron que aún es posible repoblar áreas con fuerte erosión, como la franja costera continental, lo que ayudaría a frenar el impacto de los fenómenos hidrometeorológicos.
“Antes íbamos a cortar uvas de mar en varios puntos de Isla Blanca, pero con la llegada de los hoteles, ahora en Costa Mujeres, ya no disfrutamos como antes de este fruto cada verano. Ojalá se vuelva a sembrar en las playas dentro de la zona federal, en las partes erosionadas, para detener el avance del mar”, expresó Luis Pérez, integrante de una familia de pescadores.
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Recordó que el primer alcalde de Isla Mujeres, Ariel Magaña Carrillo (+), pedía a los pescadores que llevaran uvas de mar de Isla Blanca porque eran más grandes y jugosas. En la actualidad, señaló, deben trasladarse hacia cayos alejados y hasta Cabo Catoche para conseguir algunos kilos destinados al consumo familiar.
Jacobo Toledo, hijastro de un pescador, comentó que anteriormente había abundantes ejemplares en distintos puntos de la isla. Como ejemplo mencionó el área del circuito perimetral, a la altura del Colegio de Bachilleres, donde las familias acudían a recolectar el fruto. Hoy, dijo, los adultos mayores únicamente conservan ese recuerdo.
La residente Rosaura Vélez indicó que todavía existen algunos ejemplares cerca del antiguo aeropuerto. Durante la temporada, varias personas acuden desde temprana hora para recolectar la escasa producción y, en ocasiones, comercializarla en más de 100 pesos por kilogramo. Comentó que desarrolló el gusto por este alimento desde que llegó a vivir a la isla hace 15 años.
Esta especie funciona como una barrera natural contra el impacto de los fenómenos meteorológicos en las playas. Alcanza hasta seis metros de altura en la zona de transición entre la arena y la vegetación costera de la Península de Yucatán. Puede extenderse hasta cuatro metros de diámetro y crecer alrededor de 50 centímetros por año cuando existe suficiente humedad o riego, de acuerdo con estudios de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
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Existen iniciativas para impulsar su cultivo a gran escala con el propósito de acelerar su desarrollo y obtener cosechas en aproximadamente cinco años, ante la elevada demanda del fruto en diversas comunidades costeras. Investigaciones sobre la Coccoloba uvifera señalan que requiere abundante riego de una a dos veces por semana durante primavera y verano, además de disminuir el suministro de agua en invierno.
De acuerdo con investigadores consultados, para contener la erosión sería necesario establecer hasta cuatro líneas de siembra a lo largo de la playa de Isla Blanca, desde el límite donde concluyen los hoteles de Costa Mujeres hasta el extremo norte de ese destino, en un tramo aproximado de 10 kilómetros, con la intención de extender posteriormente la cobertura hasta Cabo Catoche.