Dr. Arsenio Rosado Franco
De acuerdo con el diccionario, el término adicción se define como el “hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos o conductas hedonistas”. Y de allá partiremos para explicar la percepción social que domina sobre este problema. El decir que es un vicio, llevaría a pensar que es una elección que implica decidir, para muchas personas es dejarse dominar y es una decisión personal. Si bien el consumo lúdico o cualquier consumo de sustancias, al inicio es una decisión personal, cuando hablamos hoy de adicción, sabemos que tiene poco de elección y mucho de incapacidad para dominar o parar su consumo. Precisamente el núcleo de la enfermedad adictiva es la pérdida progresiva de la capacidad de elegir libremente.
La adicción hoy se define como un trastorno crónico y recurrente caracterizado por la búsqueda y el consumo compulsivo de la droga, a pesar de sus consecuencias negativas tanto personales, familiares y sociales. Se le considera un trastorno cerebral porque genera cambios funcionales en los circuitos del cerebro que participan en la recompensa, el estrés y el autocontrol. Estos cambios pueden durar mucho tiempo después que la persona deje de consumir drogas. El adicto por tanto actúa condicionado, encarrilado sobre una vulnerabilidad biológica, ya sea genética o adquirida. Su libre albedrío queda debilitado en grados variables.
Hoy, la tendencia actual es pasar de un modelo enfocado en la dependencia de una o más sustancias tóxicas hacía un modelo integrador común a todas las adicciones, incluyendo a aquellas que son meramente comportamentales.
Los avances hoy nos permiten que se destierren falsos mitos como que “los adictos no quieren cambiar”, “todos son mentirosos”, “tienen un trastorno de personalidad”, etc. Estas ideas solo consiguen frustrar a los adictos que quieren recuperarse.
Si desterramos la antigua concepción de vicio y entendemos que estamos ante un problema de salud y no un problema moral, es evidente que el abordaje experto como un problema de salud es necesario e integrarlo a otros modelos que se utilizan.
La principal zona de investigación es el sistema de recompensa cerebral y su relación con el placer, la motivación. Todo es susceptible de ser aprendido a través del sistema de recompensa, a condición de que el balance entre recompensa y castigo nos resulte favorable, este sistema de recompensa, crea estos vínculos de aprendizaje que luego son deseo y búsqueda y las drogas como marihuana, cocaína, el juego, las redes sociales, son capaces de puentear los circuitos de recompensa creando un hábito que normalmente estaría reservado para nuestras necesidades de sobrevivencia como comer o reproducirnos. Por eso al margen del placer, la ejecución de la adicción favorece su repetición, incluso cuando ya no es placentera. De ahí que las adicciones son enfermedades cerebrales, mentales y no dependen del libre albedrío.