El teatro puede ser una forma de volver a casa. Para el actor Josué Maychi, interpretar a Jacinto Canek en las comunidades mayas significa encontrarse con personas que comparten una historia, una lengua y una memoria que durante mucho tiempo no siempre han tenido el espacio que merecen. No es solamente representar a un personaje histórico, es abrir una conversación con quienes, de alguna manera, forman parte de esa historia.
El 19 de octubre, la puesta en escena Canek, alguna vez supimos leer las estrellas, creación de Maychi y música de Jorge Pool, bajo la dirección de Héctor Flores Komatsu, llegó a niños y jóvenes de Tahdzibichén, Yaxcabá, como parte de la programación del Otoño Cultural 2026 de la Sedeculta.
A través de esta obra por primera vez se llevó el teatro a esta zona, específicamente a la telesecundaria que lleva el nombre del líder indígena maya en la localidad de Tahdzibichén, a sólo 14 kilómetros al Norte de Cisteil, en el municipio de Yaxcabá, epicentro donde Canek lideró la famosa rebelión indígena de 1761 contra el dominio español.
En este monólogo, que transita entre el maya yucateco y el español, la figura del líder de la rebelión maya de 1761 se convierte en una invitación a mirar el pasado, cuestionar el presente y pensar en las formas contemporáneas de resistencia.
Al concluir la función, conversamos con el actor sobre lo que significa llevar esta historia a las comunidades, el lugar de la lengua maya en el escenario y la necesidad de recuperar los vínculos con nuestros antepasados.
Maychi, originario de Chencoh, en el municipio campechano de Hopelchén, ha construido una trayectoria que cruza el teatro, el cine y la televisión. Ha participado en producciones como las series Malinche y Hernán, además de formar parte de la película Black Panther: Wakanda Forever, en la que interpretó a un personaje maya y colaboró en la asesoría lingüística. Su trabajo artístico mantiene un vínculo profundo con su identidad y con las historias de los pueblos originarios.
—¿Qué cambia cuando representas a Canek en una comunidad maya, frente a niñas, niños y jóvenes, en lugar de hacerlo en un teatro?
—Honestamente, para mí es mucho más difícil hacerlo en una comunidad. No tiene que ver con la infraestructura ni con nada de eso. Disfruto mucho llegar y ver las piedras y los árboles que están allá, porque sé que le estoy hablando a gente como yo, que ha pasado por circunstancias parecidas a las mías. Estoy hablando directamente con el pueblo, sin intermediarios.
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Tristemente, muchas veces el propio pueblo no conoce su historia. Me ha tocado preguntar si saben quién fue Jacinto Canek, y nadie responde. Uno pensaría que tendrían que conocerlo, sobre todo cuando hay escuelas que llevan su nombre.
Pero no creo que sea porque las niñas y los niños no hayan querido investigar. Pienso que algo está fallando en la transmisión de la historia, en las oportunidades que reciben para conocer el relato de su gente.
Por eso, para mí es importante hacer la obra en una comunidad pequeña. A veces veo a los niños sentados, los tengo cerca y les cuento la historia de otra manera. Aunque su escuela se llame Jacinto Canek, quizá nadie les ha dicho realmente quién fue.
Y hay algo muy bello: cuando les hablo en maya, se rompe una barrera. Hay una conexión distinta porque comprenden lo que les estoy diciendo. Eso es lo hermoso de llevar esta obra a las comunidades.
—¿Cómo influye la lengua maya en esa conexión con el público?
—Me ha pasado que llego a una comunidad donde prácticamente todos hablan maya, incluidos los niños, y entonces puedo hacer buena parte de la obra en esa lengua. Si llega alguien que no la habla, hago los cambios necesarios para que también pueda comprender la historia.
Eso me parece muy interesante y me ha hecho pensar que valdría mucho la pena preparar una versión completamente en maya.
En agosto tuve la oportunidad de hacer una lectura enteramente en maya, con subtítulos en español proyectados. La gente escuchaba la lengua y, al mismo tiempo, podía leer lo que estaba diciendo, como cuando vemos una película en otro idioma.
Creo que deberíamos hacer más cosas así: que la obra se escuche en maya y que quienes no hablan la lengua puedan seguirla mediante los subtítulos. No tendríamos que renunciar al maya para que todo el mundo entienda.
A nosotros nos arrebataron la lengua por la fuerza. Hubo castigos, golpes con reglas en las escuelas y muchas formas de violencia contra quienes hablaban maya.
Ahora no se trata de golpear a nadie ni de imponer nada por la fuerza, sino de abrir espacios para que la lengua vuelva a escucharse, para que las personas se acerquen a ella y reconozcan su valor.
Eso me inspira mucho cuando llego a las comunidades.
—¿Qué sientes cuando ves a los niños durante la función? ¿Cómo encuentras la manera de acercarte a ellos?
—A veces veo que los niños no están prestando mucha atención y pienso: yo también fui así. Luego crecemos y nos toca estar del otro lado, y comenzamos a decir que los pequeños no se quedan quietos o que no se comportan como esperamos.
Pero se nos olvida que nosotros también fuimos así, quizá peores. Por eso intento reconocerme en ellos. No estoy frente a personas ajenas a mí; estoy hablando con gente con la que comparto una historia, una cultura y muchas experiencias.
Cuando logro conectar con ellos, siento que algo se abre. No necesariamente tienen que quedarse inmóviles durante toda la obra, lo importante es encontrar la manera de acercarnos, hablarles y despertar su curiosidad.
—¿Qué crees que tiene que decir Canek a las nuevas generaciones?
—Creo que lo primero es acercarnos a conocer nuestra realidad, lo que tenemos alrededor. Necesitamos regresar a hablar con nuestros abuelos, abuelas, papás y mamás. Volver a conversar.
Hemos dejado de hablar. Nos hemos sumergido tanto en los teléfonos celulares que a veces añoramos un mundo que está fuera de nosotros, mientras desconocemos la riqueza del lugar donde vivimos.
Y no digo que nuestro mundo sea más o menos interesante que los demás. Lo digo con todo mi corazón: el nuestro tiene una magia que desconocemos y que, precisamente por no conocerla, no alcanzamos a amarla por completo.
Necesitamos regresar a conocer quiénes somos, qué tenemos y qué nos falta. También es importante reconocer nuestras carencias. Si amamos lo que somos, vamos a defenderlo con pasión.
Creo que Canek nos diría eso y muchas otras cosas. Seguramente sería mucho más radical y contundente. En el texto de la obra hay una idea muy fuerte: “si nuestros ancestros vivieran, lucharían contra quienes nos oprimen y derrotarían a los duros de entraña y a los sordos de espíritu”.
Yo entiendo esa frase como una invitación a mirar a nuestro alrededor, a reconocer que no todas las personas tienen las mismas oportunidades. Hay quienes viven dentro de un mundo de privilegios y han dejado de ver lo que sucede con los demás, con las personas que han sido despojadas de tantas cosas.
Existe una deuda con la sociedad, con la humanidad y, particularmente, con los pueblos originarios.
—¿Cómo dialoga la historia de Canek con nuestra realidad actual?
—Cuando conocí la historia de Jacinto Canek hace algunos años, yo tampoco sabía mucho de él. Había escuchado su nombre, como seguramente mucha gente, pero no conocía realmente su historia.
En aquel momento yo vivía en Campeche y alguien me dijo que Jacinto Canek también había nacido en esa ciudad, cuando Yucatán y Campeche todavía eran un solo territorio. Eso me llevó a querer saber más. Empecé a estudiar, investigar, leer y descubrir todo lo que había sucedido.
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Entonces pensé que esta era una historia que tenía que conocerse.
Imagino que algo parecido pudo sucederle al propio Canek cuando comenzó a leer los libros de historia de su época y se encontró con cosas que le hicieron preguntarse por qué ocurrían de esa manera. Para mí, él también fue una especie de maestro: ayudó a recordar a una comunidad aquello que estaba olvidando.
Lo importante no es recordar solamente por recordar. Necesitamos trabajar para que las cosas que ocurrieron hace muchos años no vuelvan a repetirse.
Aparentemente, el mundo ha cambiado mucho, pero hay situaciones del pasado que se han transformado y continúan presentes de otras maneras. Hay formas de opresión que no han desaparecido, sino que se han convertido en otras cosas.
Vivimos sujetos a una forma de vida que creemos haber elegido, pero muchas veces hemos sido condicionados para elegirla. Por eso necesitamos detenernos a pensar qué está ocurriendo y cómo podemos cambiarlo.
No se trata de responder a la violencia con más violencia. También tenemos que entender la época en la que vivimos y encontrar otras maneras de luchar.
Yo lo hago a través del teatro, contando historias y hablando de estos temas. También lo hago con mis sobrinos y con mi familia.
A veces ya saben lo que les voy a decir, porque siempre estoy hablando de estas cosas, pero también me da mucha alegría que vayan a verme al teatro.
Si Canek viviera hoy, quizá sería un artista, dependiendo del territorio y de las circunstancias que le tocaran. O también un activista y tendría que encontrar su propia manera de luchar en el mundo.
Para mí, el teatro es una manera de hacerlo. Podemos contar lo que sucedió, hablar de lo que nos duele, cuestionar lo que vivimos y encontrar otras formas de comprendernos.
—¿Qué te gustaría que se llevaran las personas después de ver Canek?
—Me gustaría que regresaran a su casa con ganas de conocer más. Que hablaran con sus abuelos, con sus padres, con sus familias; que preguntaran por su historia y por las cosas que sucedieron en su comunidad.
A veces tenemos algo valioso frente a nosotros y no lo vemos porque estamos acostumbrados a tenerlo. Necesitamos aprender a reconocerlo.
También quisiera que nos preguntáramos qué podemos hacer para que las injusticias del pasado no sigan repitiéndose. No podemos cambiar la historia que ya sucedió, pero sí podemos trabajar para que las nuevas generaciones tengan otras oportunidades y para que las personas sean tratadas con dignidad.
Creo que esa es una de las cosas que el teatro puede hacer: ayudarnos a recordar, conversar y mirar de otra manera aquello que tenemos cerca.
Al final, lo que importa es que conozcamos quiénes somos y que podamos amar y defender nuestra historia con todo el corazón.