Yucatán

Más de 46 mil yucatecos se dedican al trabajo doméstico; la mayoría mujeres que laboran sin contrato, prestaciones y salarios desiguales

Pese a la importancia del trabajo doméstico, la gran mayoría de quienes las realizan lo hace en condiciones de informalidad.

Miles de trabajadores del hogar se ganan la vida sin contrato, sin seguridad social y con salarios bajos
Miles de trabajadores del hogar se ganan la vida sin contrato, sin seguridad social y con salarios bajos / Por Esto!

A las cinco de la mañana, cuando la ciudad aún está en silencio, María ya está despierta. Vive en una comisaría de Mérida y su rutina comienza antes de que salga el sol. Sale de su casa con una pequeña bolsa donde lleva comida para el día. Camina hasta la parada del autobús y comienza un trayecto que, dependiendo del tráfico y las combinaciones de transporte, puede tomarle más de una hora.

Su destino es una casa en el norte de la ciudad donde trabaja limpiando, lavando, planchando y, algunas veces, cuidando a los niños de la familia. Cuando llega, muchas veces sus empleadores aún no se han levantado.

La jornada de María es similar a la de miles de mujeres que todos los días cruzan Mérida desde colonias populares o comunidades rurales para realizar uno de los trabajos más indispensables y al mismo tiempo más invisibles de la economía: el trabajo doméstico remunerado.

Durante años lo hizo sin contrato, sin vacaciones pagadas y sin seguridad social. Su historia no es única. De hecho, es la realidad que comparten decenas de miles de personas en Yucatán que trabajan dentro de hogares particulares realizando tareas fundamentales para la vida diaria de otras familias.

Noticia Destacada

Empleo formal cae en enero: México pierde más de 8 mil plazas registradas ante el IMSS

Según estimaciones basadas en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el estado más de 46 mil personas se dedican al trabajo doméstico remunerado. Se trata de un sector amplio que incluye labores de limpieza, preparación de alimentos, lavado y planchado de ropa, así como el cuidado de niñas, niños, adultos mayores o personas enfermas.

Sin embargo, pese a la importancia de estas actividades, la gran mayoría de quienes las realizan lo hace en condiciones de informalidad.

Un trabajo con rostro femenino

El trabajo doméstico en Yucatán tiene un rostro claramente femenino. Alrededor del 83 por ciento de las personas dedicadas a esta actividad son mujeres. Muchas provienen de comunidades rurales o de zonas periféricas de la capital, donde las oportunidades laborales son limitadas.

Para ellas, trabajar en casas particulares representa una de las pocas opciones para obtener ingresos estables. Sin embargo, esa estabilidad suele ser frágil.

Durante décadas el trabajo doméstico fue considerado más una “ayuda” que un empleo formal. Esa percepción cultural permitió que miles de trabajadoras desempeñaran sus labores sin contrato laboral, sin prestaciones y sin acceso a seguridad social.

Protección social: un avance todavía pequeño

En los últimos años se han impulsado esfuerzos para formalizar el sector. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)creó un programa especial que permite a los empleadores registrar a las trabajadoras del hogar para que puedan acceder a servicios médicos y prestaciones.

Gracias a este esquema, 2 mil 467 trabajadoras y trabajadores del hogar estaban afiliados al IMSS en Yucatán en el 2025. De ese total, 1,205 son mujeres y 1,262 hombres.

La afiliación les permite acceder a atención médica, incapacidades, guarderías, ahorro para el retiro y eventual acceso a pensión.

Sin embargo, el número sigue siendo reducido si se compara con el universo total del sector.

Si se toman en cuenta las estimaciones del Inegi, menos del seis por ciento de las personas dedicadas al trabajo doméstico en el estado cuenta con seguridad social.

A nivel nacional la situación es similar. Para marzo del 2025 el IMSS reportaba 62 mil 303 puestos afiliados en el programa para trabajadoras del hogar, con más de 102 mil beneficiarios potenciales considerando a familiares de las personas aseguradas.

Una brecha salarial persistente

Las desigualdades dentro del sector también se reflejan en el salario. Aunque los hombres representan una minoría en el trabajo doméstico, suelen recibir ingresos más altos que las mujeres. En Yucatán, el salario promedio diario de las trabajadoras ronda los 562 pesos, mientras que los hombres pueden alcanzar ingresos cercanos a 798 pesos diarios. La diferencia supera el 30 por ciento.

Esta brecha se explica, en parte, por el tipo de labores asignadas. Los hombres suelen desempeñar trabajos de jardinería, mantenimiento o vigilancia, actividades que tradicionalmente se pagan mejor que las tareas de limpieza o cuidado doméstico.

Noticia Destacada

Trabajo doméstico aporta el 23.5% del PIB de Yucatán, pero no se paga ni se reconoce

El costo oculto del traslado

Para muchas trabajadoras del hogar, la jornada comienza mucho antes de iniciar sus labores.

Un diagnóstico del padrón de trabajadoras domésticas en Mérida revela que más de la mitad utiliza al menos dos medios de transporte para llegar a su lugar de trabajo, mientras que cerca de una quinta parte llega a utilizar hasta cuatro o incluso seis unidades en un mismo trayecto.

El gasto promedio en transporte ronda los 43 pesos diarios, una cantidad que reduce significativamente el ingreso real que reciben.

Además, muchas trabajan en más de un domicilio. Las cifras muestran que 39 por ciento trabaja en una sola casa, 32 por ciento en dos hogares y alrededor del 20 por ciento en tres o más domicilios. Esta fragmentación de la jornada dificulta la formalización laboral y complica el acceso a prestaciones.

La vulnerabilidad del sector

Las historias personales detrás de estas cifras revelan una realidad compleja. Muchas trabajadoras del hogar dedican décadas al cuidado de familias que no son las suyas. Algunas comienzan a trabajar siendo adolescentes y pasan años acompañando el crecimiento de niños que ven convertirse en adultos.

Pero cuando la edad o una enfermedad les impide continuar con las labores físicas, muchas enfrentan despidos sin indemnización ni acceso a pensión.

En Yucatán existen incluso trabajadoras registradas en el IMSS que superan los 65 años de edad, lo que refleja que muchas personas continúan laborando en este sector hasta edades avanzadas, por necesidad económica.

La pandemia de COVID-19 evidenció la fragilidad del trabajo doméstico. Diversos estudios indican que más de la mitad de las trabajadoras del hogar perdió su empleo durante la emergencia sanitaria, muchas veces sin compensación económica.

Un cambio que apenas comienza

En 2019 México dio un paso importante al reformar la Ley Federal del Trabajo para reconocer plenamente los derechos laborales de las trabajadoras del hogar. La reforma establece que deben contar con contrato laboral, salario digno, vacaciones pagadas, aguinaldo, seguridad social y protección en caso de despido.

Sin embargo, convertir esos derechos en una realidad cotidiana sigue siendo uno de los principales desafíos.

En Yucatán, miles de mujeres continúan levantándose antes del amanecer para tomar el autobús rumbo a las casas donde trabajan. Son quienes limpian los espacios donde otros viven, preparan alimentos, cuidan a los niños y atienden a los adultos mayores.

Son las personas que sostienen la vida diaria de miles de hogares.

Durante mucho tiempo su trabajo ha permanecido invisible, como si fuera parte natural del funcionamiento de las casas. Pero detrás de cada jornada hay historias de esfuerzo, resistencia y dignidad que comienzan, casi siempre, antes de que salga el sol.