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Yucatán

Tras una década de bajas capturas, impulsan en Yucatán un nuevo plan para rescatar al mero

La metodología adoptada para construir el nuevo plan fue inusualmente participativa para los estándares de la política pesquera mexicana.

Plan de manejo renovado busca preservar a la especie más emblemática del Golfo
Plan de manejo renovado busca preservar a la especie más emblemática del Golfo / Por Esto!

Hace apenas diez años, Carlos Andrés Gómez salía antes del amanecer desde Celestún y regresaba con la lancha cargada. Cien kilogramos de mero en un día era una jornada ordinaria. Hoy, ese mismo pescador sale al mar y a veces no encuentra un solo ejemplar. “Aquí en Celestún ya es muy difícil encontrar mero; pescarlo es sólo un recuerdo”, dice con una mezcla de nostalgia y resignación que, lamentablemente, comparten miles de familias costeras en toda la península.

Lo que le ocurre a Gómez es el reflejo de una crisis que las estadísticas ya no pueden ocultar. El Gobierno del Estado reconoce una caída del 17 por ciento en la producción pesquera vinculada al mero en la última década, y la Carta Nacional Pesquera advierte que esta actividad es el sostén histórico de cerca de 12 mil personas pescadoras y sus familias a lo largo del litoral yucateco. Fileteras, cooperativas, armadores y comunidades enteras sienten el peso de una pesquería que se desmorona.

Pero hay una noticia que el sector espera con expectativa: después de más de una década sin modificaciones, el Plan de Manejo Pesquero del mero en Yucatán –publicado originalmente en el 2014– se encuentra en su fase final de revisión institucional y se estima que este año aparezca publicado en el Diario Oficial de la Federación. Si ese momento llega, comenzará el verdadero desafío.

Un diseño que nació viejo

El documento original del 2014 llegó al mundo pesquero yucateco en un momento muy distinto. El mero todavía era abundante en varios puntos del Golfo, las cooperativas operaban con márgenes aceptables y la presión sobre los arrecifes no había alcanzado los niveles actuales. Durante años, ese plan fue el marco legal y técnico sobre el que descansó la regulación de una de las pesquerías más importantes del país. Pero el tiempo -y la sobreexplotación- lo dejaron obsoleto.

La actualización, iniciada formalmente en el 2024, no fue un trabajo de escritorio. Investigadores del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (Imipas), autoridades pesqueras, organizaciones de la sociedad civil y el propio sector productivo se sentaron a la misma mesa para construir un nuevo instrumento de política pública desde la base.

Desde el Centro de Investigación Pesquera de Yucalpetén del Imipas, la investigadora María del Carmen Monroy García fue enfática al describir la naturaleza del proceso: “La actualización no es sólo un trabajo de Imipas, es un trabajo de todos”.

Diálogo antes que decreto

La metodología adoptada para construir el nuevo plan fue inusualmente participativa para los estándares de la política pesquera mexicana. El proceso transitó por revisiones técnicas internas, mesas de trabajo con especialistas, talleres de socialización con pescadores y académicos, y culminó con la reinstalación del Comité Consultivo de la pesquería, un órgano clave para darle continuidad al seguimiento del plan una vez que entre en vigor.

De acuerdo con información publicada originalmente por Causa Natura Media, Claudia Febles Gutiérrez, coordinadora del proyecto Comunidades Resilientes en Environmental Defense Fund (EDF), describió la lógica del proceso con claridad: “Primero se trabajó con expertos que conocen el recurso, luego con el sector para saber qué opinan, y después con investigadores en general. Así se fue construyendo”.

Ese diálogo escalonado permitió que el documento final fuera más que un ejercicio técnico: se convirtió en una propuesta con respaldo amplio, consensuada entre quienes dependen del recurso y quienes lo estudian.

Cuatro objetivos, once estrategias, 56 acciones

El nuevo Plan de Manejo Pesquero del mero se estructura en cuatro objetivos, 11 estrategias y 56 acciones concretas orientadas tanto a la recuperación de la población de la especie como a garantizar la sostenibilidad de largo plazo de la pesquería. A diferencia de versiones anteriores –que acumulaban una lista interminable de medidas difíciles de ejecutar– este documento apuesta por ser más operativo y realista, reduciendo el número de acciones y concentrándose en las verdaderamente viables.

Sus ejes prioritarios son cuatro: Recuperación del recurso y sostenibilidad pesquera, fortalecimiento económico de la actividad, bienestar social de las comunidades costeras y restauración del hábitat

El plan también extiende su mirada a toda la cadena productiva: desde la evaluación científica del recurso y la actualización de estudios sobre biología reproductiva del mero, hasta la promoción de actividades económicas complementarias, mejoras en seguridad social para los pescadores y programas de educación ambiental para las comunidades.

Conviene aclarar lo que el plan no hace, al menos de manera inmediata: no establece cambios en las tallas mínimas de captura ni modifica los periodos de veda. Sí plantea, en cambio, líneas de investigación que podrían fundamentar esos ajustes en el futuro, una vez que la evidencia científica lo justifique.

La acuacultura como aliada inesperada

Una de las propuestas más novedosas que emerge del proceso de actualización es la incorporación de la acuacultura como estrategia complementaria para la restauración de la especie. No como sustituto de la pesca artesanal, sino como herramienta de apoyo para repoblar áreas donde el mero prácticamente ha desaparecido.

Claudia Durruty Lagunes, académica de la UNAM, valoró positivamente esta apertura: “El hecho de que se vea a la acuacultura como una actividad que puede contribuir a la restauración es positivo”. La propuesta se suma a la necesidad reconocida de fortalecer el conocimiento sobre el ciclo reproductivo del mero rojo —la especie más estudiada de la región— y de las especies asociadas que habitan los mismos arrecifes.

El reto que nadie quiere evadir

Todos los especialistas consultados coinciden en señalar que la verdadera prueba del nuevo plan no será su publicación en el Diario Oficial, sino su implementación cotidiana.

“El reto es que se aplique. Tenemos el plan, pero lo importante es ejecutar las acciones”, advirtió Monroy García con una franqueza que resume la frustración histórica de la política pesquera en México: documentos bien escritos que se quedan en los cajones de las instituciones.

Febles Gutiérrez, por su parte, apuntó hacia la corresponsabilidad como el verdadero motor del cambio: “La idea es que no se quede solo en papel. Que todos los involucrados podamos decir: ¿en qué ayudamos?”.

Mientras el documento avanza en su proceso de publicación, ya se han iniciado trabajos con el Comité Consultivo y el grupo técnico para definir las rutas de implementación, un paso que los especialistas consideran fundamental para que el plan no corra la misma suerte que sus antecesores.