Yucatán

Yucatán supera los 2 mil 460 diagnósticos acumulados de depresión durante 2026; mujeres concentran tres de cada cuatro casos

Yucatán arrastra desde hace más de una década una posición crítica en el mapa del suicidio en México.

La depresión e ideación suicida aumentan en Yucatán; la salud mental, una deuda costosa
La depresión e ideación suicida aumentan en Yucatán; la salud mental, una deuda costosa / Por Esto!

Los números llegan semana a semana, puntuales y en aumento. El más reciente Boletín Epidemiológico de la Secretaría de Salud federal, con corte en la semana epidemiológica 21 del 2026, confirma lo que especialistas en salud mental vienen advirtiendo desde hace varios años: Yucatán registra cada vez más diagnósticos de depresión y más personas que expresan pensamientos o antecedentes relacionados con el suicidio.

La entidad acumula 2 mil 460 casos de depresión en lo que va del año, cifra que supera en 27 por ciento los mil 935 registrados en el mismo periodo del 2025. Del total de pacientes atendidos, mil 838 corresponden a mujeres y 622 a hombres, lo que ratifica un patrón consistente: las mujeres concentran la mayor carga diagnóstica de este trastorno. En la semana 21 se notificaron 88 nuevos casos, lo que equivale a más de 12 por día.

El mismo reporte advierte incrementos en los indicadores vinculados directamente con la conducta suicida. En el rubro de antecedentes de lesión autoinfligida intencionalmente –que agrupa a personas con historial de intento de suicidio‒ Yucatán sumó 147 casos acumulados en el año, con 113 mujeres y 34 hombres, y 10 nuevos registros solo en la última semana analizada.

La ideación suicida, que mide la presencia de pensamientos o manifestaciones relacionadas con quitarse la vida, llegó a 79 casos acumulados, con 18 nuevas notificaciones en una sola semana.

La Secretaría de Salud clasifica los intentos de suicidio con resultado mortal dentro de los niveles de mayor alerta del sistema de vigilancia sanitaria, con 212 casos acumulados en Yucatán frente a una mediana histórica de referencia de 140.

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A nivel nacional, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica reportó 63 mil 701 casos de depresión durante las primeras 21 semanas de 2026, junto con mil 785 registros de antecedentes de intento de suicidio. Yucatán concentra el 3.9 por ciento de los diagnósticos nacionales de depresión, proporción notable para una entidad que representa menos del dos por ciento de la población del país.

El estado con la tasa más alta

Los datos del boletín no se pueden leer de manera aislada. Yucatán arrastra desde hace más de una década una posición crítica en el mapa del suicidio en México. De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para el 2024, el estado registró una tasa estandarizada de 16.2 suicidios por cada 100 mil habitantes, la más alta del país y más del doble de la media nacional, que fue de 6.8. Desde el 2021, Yucatán ha mantenido cifras históricamente altas, alcanzando su máximo en el 2022 con 366 decesos, y ha acumulado cuatro años consecutivos por encima de los 300 suicidios anuales, una barrera que se convirtió en el nuevo piso de la crisis.

En el 2025 se registraron 325 suicidios en el estado, seis menos que los 331 del año anterior, lo que representa una reducción de apenas 1.81 por ciento, insuficiente para hablar de un punto de inflexión. De esos casos, más de la mitad ocurrieron en el municipio de Mérida, que concentró el 55.7 por ciento de las muertes. El patrón por sexo se mantiene: alrededor del 80 por ciento de los suicidios consumados corresponde a hombres, mientras que las mujeres presentan mayor prevalencia en los diagnósticos de depresión e intentos no consumados.

Para entender la dimensión del problema, basta una comparación histórica: en 1994, cuando el Inegi empezó a documentar estas muertes de forma sistemática, Yucatán registró 67 casos. Treinta años después, la cifra casi se ha quintuplicado, aunque la población del estado apenas se ha duplicado en ese mismo periodo.

Detección y atención oportuna

El aumento en los registros epidemiológicos tiene una lectura positiva que los propios especialistas reconocen: parte del incremento en los diagnósticos de depresión refleja una mayor capacidad de detección y una menor resistencia social a buscar atención. El Centro Integral de Salud Mental (Cisame) reportó un incremento de 183 por ciento en los casos de depresión atendidos, al pasar de 2 mil 577 en el 2022 a 7 mil 305 en el 2023, junto con un aumento en el consumo de medicamentos para tratar ansiedad y depresión. Más personas llegando a los servicios de salud no equivale necesariamente a más enfermedad: también puede significar que el estigma cede.

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Sin embargo, la capacidad instalada para atender esa demanda no ha crecido al mismo ritmo. Para el 2025, el gobierno federal asignó 2 mil 114 millones de pesos al presupuesto de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones, una reducción del 13 por ciento frente a los 2 mil 467 millones destinados en el 2024, ajustados por inflación. A nivel estatal, el presupuesto destinado a la salud mental hasta el 2024 no permitía alcanzar una cobertura adecuada de la política pública; para el 2025 se asignaron 35 millones de pesos al rubro, el mayor aumento registrado en los últimos años. La Ley de Salud Mental establece que este rubro debe recibir el 7 por ciento del presupuesto total de salud, umbral que históricamente no se ha alcanzado.

Los servicios disponibles en la entidad incluyen los Centros Integrales de Salud Mental (Cisame) con sedes en Mérida y Valladolid, que ofrecen atención psicológica y psiquiátrica, terapias individuales y familiares, y orientación sobre ansiedad y depresión de forma gratuita, de lunes a viernes de 7 a 14:30 horas.

Señales que no deben ignorarse

Especialistas consultados han insistido en que la detección temprana es la herramienta más eficaz para prevenir desenlaces graves. Los síntomas que deben alertar a familiares y personas cercanas incluyen tristeza persistente que se extiende por más de dos semanas, aislamiento social, alteraciones del sueño, pérdida de interés en actividades cotidianas, fatiga sin causa aparente, dificultad para concentrarse y, especialmente, pensamientos recurrentes sobre la muerte o sobre hacerse daño.

El doctor en psicología Luis Alberto Vázquez Pérez señala que hay reportes de la comunidad científica sobre cómo las altas temperaturas y los climas tropicales contribuyen a la ideación suicida, aunque la postura institucional es que se trata de una combinación de factores.

La paradoja que define a Yucatán sigue vigente: es el estado más seguro del país en materia de violencia criminal y simultáneamente el que encabeza la tasa de muertes autoinfligidas por habitante. Esa contradicción reclama, con urgencia renovada, una respuesta institucional proporcional a su magnitud.