Ochocientas toneladas de mero en los primeros dos meses de temporada, frente a más de seis mil doscientas en todo el año anterior: esa diferencia, brutal en términos económicos, es el dato que ha encendido las alertas dentro del sector pesquero de Yucatán y ha puesto sobre la mesa una discusión que pocos se atrevían a abrir: revisar, y quizás modificar, los periodos de veda del pulpo y el mero, las dos especies que sostienen económicamente a miles de familias en el litoral del estado. La iniciativa todavía no tiene forma definitiva.
Enrique Sánchez Sánchez, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Pesquera y Acuícola (Canainpesca) en Yucatán, fue claro al respecto: “Solamente es una propuesta que se está analizando, no hay nada en concreto ni oficial. Se propuso en el comité de pulpo y también para lo que es el mero; se está proponiendo cambios de veda, pero aún no hay nada oficial”. Sin embargo, el hecho de que el tema ya circule en los comités de manejo de ambas pesquerías es, en sí mismo, una señal del nivel de preocupación que existe en el sector.
Yucatán aporta alrededor del 62.5% de la producción nacional de mero y concentra la pesquería de pulpo más importante de América, con una participación de aproximadamente el 30% de la producción continental. La temporada de pulpo 2025 cerró con resultados sobresalientes: entre 25 mil y 32 mil toneladas capturadas, con Yucatán aportando alrededor de 25 mil toneladas. La derrama económica asociada a ambas pesquerías mueve más de 15 mil empleos directos en la región y genera exportaciones cercanas a los 36 millones de dólares anuales.
El problema central no es el pulpo, cuya temporada anterior fue exitosa, sino el mero. De acuerdo con datos de la Conapesca, la captura de esta especie ha sufrido una caída de 36.4% en la última década. La temporada 2025-2026 cerró con alrededor de cuatro mil toneladas, muy por debajo de la meta de seis mil. Y el inicio de la temporada 2026 encendió aún más las alarmas: los barcos regresaron tras tres semanas en altamar con capturas promedio de apenas 600 kilogramos por viaje, insuficientes para cubrir los costos operativos.