Yucatán confirmó 89 nuevos diagnósticos de depresión en la semana epidemiológica 27, casi el triple de los 33 registrados en Quintana Roo y los 32 de Campeche, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave). El estado reportó, él solo, más casos que sus dos vecinos peninsulares juntos, en una semana en la que se notificaron 3,027 nuevos pacientes en todo el país.
El dato semanal no es un pico aislado, sino la muestra más reciente de un fenómeno que se ha agravado durante todo el año: hasta la semana 21, Yucatán acumulaba 2,460 personas diagnosticadas con depresión, un crecimiento de 27% respecto al mismo periodo del 2025, cuando se contabilizaron 1,935 casos. Tres de cada cuatro pacientes son mujeres, una proporción que se mantiene constante desde hace años.
La cifra desmonta la imagen que Yucatán suele proyectar hacia afuera. La entidad figura de manera recurrente entre los estados con mayor percepción de seguridad y mejores indicadores de bienestar del país; las cifras oficiales de salud mental, sin embargo, cuentan otra historia.
La paradoja estatal
Yucatán aparece de forma reiterada en los primeros lugares de encuestas nacionales de percepción de seguridad y calidad de vida. Al mismo tiempo, desde hace años encabeza también las estadísticas de mortalidad por suicidio, un indicador que las autoridades sanitarias describen como multifactorial pero que mantiene al estado bajo escrutinio constante de organismos nacionales e internacionales.
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La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) impulsan actualmente un programa para fortalecer las capacidades de las 32 entidades del país en materia de prevención del suicidio, al considerar el problema una prioridad de salud pública. Que Yucatán participe en ese esfuerzo nacional no es casualidad: es, junto con un puñado de estados, uno de los focos rojos que ese programa busca atender primero.
Atención insuficiente
El crecimiento sostenido de los diagnósticos expone, sobre todo, las limitaciones estructurales de la atención especializada en México. El sistema público dispone de apenas 1.1 psiquiatras y 6.9 psicólogos por cada 100 mil habitantes, una cobertura que diversas estimaciones consideran insuficiente para atender la demanda real: hasta ocho de cada diez personas con algún trastorno mental no reciben tratamiento oportuno.
El gasto público destinado a salud mental representa alrededor de 1.3% del presupuesto sanitario nacional, muy por debajo del 5% que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para países de ingreso medio.
En Yucatán operan los Centros Integrales de Salud Mental (Cecosamas) y los Centros Municipales Almanova, que ofrecen atención psicológica gratuita. Que los diagnósticos sigan creciendo pese a esa oferta no es necesariamente una mala noticia en sí misma –puede reflejar que más personas están buscando ayuda y que el estigma cede terreno‒ pero si la capacidad de atención no crece al mismo ritmo que la demanda, la brecha entre quien pide ayuda y quien la recibe seguirá ensanchándose.
Otros indicadores en aumento
El panorama epidemiológico de la semana 27 muestra que Yucatán también encabeza la Península en otros indicadores asociados con lesiones y accidentes, un patrón que conviene leer junto con las cifras de salud mental y no de forma aislada. Hasta la semana 26, el estado acumuló 49 casos de asfixia, la cifra más alta de la región, y 19 personas atendidas por quemaduras solares, también por encima de Campeche y Quintana Roo.
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En contraste, Yucatán no registra casos de ahogamiento o sumersión no mortal durante el periodo analizado, la única categoría de accidentes donde el estado se ubica por debajo de sus vecinos.
Una problemática que sigue creciendo
Los registros epidemiológicos no representan la totalidad de las personas que viven con depresión en Yucatán –el Sinave únicamente contabiliza a quienes acuden a recibir atención médica‒, por lo que la cifra real del padecimiento en la población es, casi con certeza, mayor a la reportada. Aun con esa limitante, la tendencia confirma que la salud mental dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en un asunto de salud pública que crece año con año en el estado.
Los especialistas recuerdan que la depresión es uno de los principales factores de riesgo para otros trastornos de salud mental, y que Yucatán mantiene desde hace años una de las tasas más elevadas de mortalidad por lesiones autoinfligidas del país.
Revertir esa tendencia exigirá, coinciden, tres frentes simultáneos: fortalecer la prevención, ampliar la cobertura de atención especializada y reducir el estigma que aún impide que miles de personas busquen ayuda a tiempo.