Yucatán / Mérida

Hallazgo de “Naegleria fowleri” en Mérida no implica que esté en otros cuerpos de agua, aclara investigadora de la UNAM

La investigadora Karla Paulina Rodríguez Medina advirtió que lagos, cenotes, humedales y sascaberas tienen condiciones distintas y requieren estudios y medidas sanitarias específicas.

Tras caso de Naegleria fowleri en Mérida, piden evaluar cada cuerpo de agua por separado
Tras caso de Naegleria fowleri en Mérida, piden evaluar cada cuerpo de agua por separado / Especial

La detección de Naegleria fowleri en el lago artificial de Plaza La Isla no significa que otros cuerpos de agua de Mérida presenten las mismas condiciones ni que deban recibir el mismo tratamiento, advirtió Karla Paulina Rodríguez Medina, profesora de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM.

La investigadora señaló que lagos recreativos, cenotes, humedales urbanos y antiguas sascaberas tienen orígenes, dinámicas y funciones distintas, por lo que cualquier medida sanitaria debe partir de estudios específicos. “Encontrar la ameba en un sitio no significa que esté en todos los cuerpos de agua de la ciudad”, explicó.

La advertencia surge después de que la presencia del microorganismo fuera confirmada en el lago artificial donde trabajaba un instructor de wakeboard que murió el 8 de septiembre.

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El caso derivó en una sanción de 2.1 millones de pesos contra la empresa operadora y en la ampliación de la vigilancia sanitaria a otros espacios acuáticos del municipio de Mérida.

Rodríguez Medina consideró necesario mantener las revisiones, pero señaló que el hallazgo no debe conducir a aplicar medidas uniformes en sitios con características muy diferentes. Una instalación destinada a actividades acuáticas, por ejemplo, requiere mantenimiento, circulación, filtración y control sanitario permanente.

Un humedal urbano, en cambio, puede albergar peces, anfibios, insectos, caracoles y vegetación adaptada a condiciones de inundación. En esos espacios, una intervención pensada para desinfectar un lago recreativo podría alterar el equilibrio ecológico.

La académica expresó preocupación ante la posibilidad de que una respuesta diseñada para instalaciones recreativas sea aplicada también a humedales.

La cloración es uno de los ejemplos

En un espacio donde las personas tienen contacto directo con el agua puede formar parte del manejo sanitario, pero en un ecosistema con fauna y vegetación tendría consecuencias distintas.

Por ello, cada cuerpo de agua debería evaluarse con base en su temperatura, circulación, calidad, biodiversidad, uso y nivel de exposición humana.

La investigadora señaló que actualmente estudia cuatro humedales urbanos de Mérida y ha encontrado diferencias importantes entre ellos. Algunos conservan agua durante todo el año y otros tienen comportamiento estacional.

También existen sitios con niveles adecuados de oxígeno y una biodiversidad considerable, condiciones distintas a las de un cuerpo de agua estancado o con problemas de mantenimiento.

Sascaberas que se volvieron humedales

Parte de la complejidad está en el propio crecimiento de Mérida. Antiguas excavaciones utilizadas para obtener materiales de construcción quedaron abandonadas durante décadas y, con el paso del tiempo, acumularon agua y desarrollaron vegetación y fauna.Algunas comenzaron así a funcionar como pequeños humedales urbanos.

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Otros cuerpos acuáticos fueron construidos directamente como parte de plazas comerciales, desarrollos habitacionales, parques o instalaciones recreativas.

Para Rodríguez Medina, esa diversidad impide establecer una sola regla de manejo.

También señaló que los humedales cumplen funciones ambientales y pueden utilizarse para observación de aves, educación ambiental, fotografía y contacto con la naturaleza sin necesidad de que las personas ingresen al agua.

El riesgo debe medirse sitio por sitio

Naegleria fowleri es una ameba de vida libre asociada principalmente con agua dulce y temperaturas elevadas.

El microorganismo puede causar meningoencefalitis amebiana primaria cuando el agua contaminada entra por la nariz y alcanza el cerebro.

Sin embargo, la presencia detectada en un sitio no permite concluir que exista en otro.

Ese punto, señaló la especialista, debe guiar la siguiente etapa de vigilancia en Mérida.

La discusión ya no es sólo dónde buscar el microorganismo, sino qué tipo de cuerpo de agua se está revisando y qué intervención necesita realmente.