Como cada año, miles de católicos campechanos se unieron en su fe con el fin para celebrar a la Virgen de Guadalupe, a la morenita del Tepeyac. En el santuario Guadalupano de la capital campechana, desde la mañana de ayer miércoles inició un desfile de carros, motos, taxis, camiones de empresas y de transporte público, así como de motociclistas, para visitar a la virgen morena; una intensa movilización que se acrecentó conforme se acercaba la media noche, lo que conflictuó el tránsito vial en la avenida Miguel Alemán.
Aunque los festejos se vieron en riesgo por el pronóstico de lluvias del Frente Frío 14, no se detuvieron; los peregrinos llegaron de diversos puntos del estado y de algunas zonas de Quintana Roo y Yucatán, esperando con fe y devoción las 12 de la noche para agradecer por un año más de peregrinación.
En las inmediaciones de la Iglesia de Guadalupe no faltó la presencia de familias campechanas, que dieron muestras de solidaridad a los peregrinos obsequiando alimentos, como tortas, arroz con leche, café y chocolate caliente. Mientras se acercaba más la hora de las mañanitas, al interior del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe ya era imposible caminar entre los bancos.
La lluvia de promesas, peticiones y agradecimientos fue más intensa que los chubascos originados por el Frente Frío 14, y las bajas temperaturas no hicieron mella ante la calidez de la fe guadalupana.
En punto de las 11:00 de la noche, el obispo de Campeche, José Francisco González González encabezó una emotiva misa en honor a la Virgen de Guadalupe, y durante su homilía invitó a los católicos a no dejar morir la llama de la esperanza que implantó la madre de Jesús durante su aparición en el cerro del Tepeyac, un milagro guadalupano que fue un regalo para el pueblo de México.
La serenata no fue menos emotiva, las lágrimas entre los presentes no se hicieron esperar por la emoción, al igual que los aplausos y porras a María.
JY