El mercado principal 'Pedro Sáinz de Baranda' volvió a teñirse de rojo, verde y dorado con la llegada de la temporada navideña. Entre pasillos iluminados por series de colores y el aroma de antojitos que acompañan a los compradores, los comerciantes instalaron nuevamente sus tradicionales puestos de esferas, arbolitos y adornos que año con año dan vida al corazón comercial de la ciudad, aunque esta vez, con ventas más apretadas que el moño de un regalo.
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Los precios, como siempre, son el principal atractivo: esferas desde 1.50 hasta 20 pesos, arbolitos de Navidad entre 75 y 1,400 pesos, moños navideños en 80 pesos, peluches desde 50 hasta 250 pesos, y luces que van de 70 a 250 pesos. Una oferta que para muchos campechanos sigue siendo la más accesible frente a los supermercados y cadenas comerciales.
Entre los pasillos decorados, María Ordóñez, con 35 años de tradición en estas ventas, recibe a sus clientes con una mezcla de nostalgia y esperanza. “Estamos esperando a ver si hay más ventas, porque con las empresas grandes todos se van para allá. Ya se olvidan del mercado”, lamenta. Asegura que, aunque ellos venden más barato y traen mercancía desde la Ciudad de México, las ventas han caído hasta 70 por ciento.
A unos puestos de distancia, Nairobi Peña, quien ayuda a su madre desde hace dos décadas en esta temporada, comparte el mismo sentir: “Está muy baja la venta… la competencia es fuerte”. Aunque su familia viaja para traer productos económicos, admite que “ni así se ve barato frente a las grandes tiendas”.
Pero no todo es desencanto. Los pasillos aún reciben a compradores fieles, como Valeria, quien llegó buscando regalos para intercambios: “Sí, aquí está más barato que en los supermercados”. Lo mismo opina Wilmer, que compró un arbolito para su casa: “Siempre es más económico venir al mercado”.
Los comerciantes permanecerán instalados hasta el 10 de enero, aferrados a la esperanza de que el espíritu navideño, las posadas y los intercambios de última hora ayuden a levantar las ventas, porque en el Pedro Sáinz de Baranda más que adornos, se vende tradición, esfuerzo y calidez que solo un mercado vivo puede ofrecer en diciembre.
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JY