En la región de Los Chenes, el “Biix” o “La Octava”, celebración que se realiza una semana después del Día de Muertos y en la que también se instala un altar para honrar a los fieles difuntos, tuvo una participación menor en comparación con el tradicional Hanal Pixán. Este domingo, fueron pocas las familias de la cabecera municipal de Hopelchén que mantuvieron viva esta costumbre.
Durante un recorrido por diversas colonias de la ciudad, se constató que la celebración del “Biix” tuvo poca presencia entre las familias, pues la jornada transcurrió prácticamente como cualquier domingo, con escasa convivencia y actividad relacionada con esta tradición.
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El matrimonio conformado por don Pedro Poot Caamal y doña Juanita Tucuch Uitz, de 88 y 86 años de edad, respectivamente, fue una de las familias que mantuvo la costumbre de recordar a sus difuntos. Como cada año, prepararon pibipollos y colocaron un altar con panes, dulces, frutas, flores y chocolates. Destacó que las velas y el chocolate también fueron elaborados por los integrantes de la familia.
“Es una tradición de muchos años en que celebramos el ‘Biix’, hacemos pibipollos y también hacemos nuestro altar para ofrendar a nuestros difuntos, les ponemos pan, chocolates, frutas, flores y dulces, tal como reza la costumbre y la tradición”, expresó doña Juanita, quien vive sobre la avenida principal de la colonia San Román.
Esta familia fue una de las pocas que preparó pibipollos para conmemorar “La Octava”, como también se conoce al “Biix” en la región. Como parte de la celebración, a las 3 de la tarde realizaron un rosario en memoria de sus difuntos.
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Por su parte, la señora Socorro Cauich Chí optó por preparar tamales, que ofreció en su altar durante la tarde-noche para mantener viva la tradición. Explicó que para el Día de Muertos elaboró pibipollos y que, hacia finales de mes, posiblemente vuelva a prepararlos para despedir a sus fieles difuntos, siempre que sus condiciones económicas se lo permitan.
En la comunidad rural de Katab, la familia Dzib Poot también celebró el “Biix” con la preparación de pibipollos y la instalación de un altar. De acuerdo con la costumbre de la localidad, los hombres se encargaron de encender el horno bajo tierra, preparar los alimentos, enterrarlos y posteriormente desenterrarlos, mientras que las mujeres elaboraron la comida, montaron el altar y realizaron los rezos.
La poca participación también se reflejó en el mercado principal de Hopelchén, donde el movimiento de consumidores fue similar al de cualquier domingo. Los locatarios reportaron ventas habituales, aunque bajas, sin que se registrara un incremento relacionado con la celebración.
En el centro de la ciudad, comerciantes de flores, velas y otros artículos utilizados en los altares reportaron ventas muy bajas y señalaron que, a diferencia de los días previos al Hanal Pixán, esta vez no realizaron el mismo surtido ni inversión en mercancía.
La actividad también fue escasa en el único cementerio de la ciudad, donde fueron pocas las personas que acudieron a visitar las tumbas de sus seres queridos para llevarles flores y veladoras.