Entre patios y paredes de una vivienda común en el municipio de Champotón, no había un perro ni un gato, sino un cocodrilo de más de un metro que, según vecinos, era tratado como mascota. El hecho fue denunciado a la Fiscalía Especializada en Delitos contra Animales, Ambientales y Ecosistemas del Estado (FEDAAE), la cual activó el protocolo correspondiente.
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Tenían un cocodrilo como mascota en Champotón: piden denunciar antes de una tragedia
El caso, que parece sacado de una historia insólita, encendió las alertas de las autoridades, ya que no se trata de un animal doméstico, sino de una especie silvestre cuya posesión está regulada por leyes federales. Por ello, se dio vista inmediata a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), instancia encargada de investigar y, en su caso, sancionar este tipo de situaciones.
De acuerdo con el titular de la Fiscalía, Alexandro Brown Gantús, tener un cocodrilo no es tan simple como adoptarlo: requiere permisos estrictos de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat). Además, el ejemplar debe provenir de una comercializadora legal, como una Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA), lo que garantiza su procedencia lícita y su manejo adecuado, algo que difícilmente ocurre en un entorno doméstico.
Su cuidado implica instalaciones específicas, condiciones controladas y conocimiento técnico, factores que contrastan con la realidad de muchas viviendas donde se pretende mantenerlos.
En este caso, el ejemplar fue identificado como un Crocodylus moreletti, especie protegida conforme a la NOM-059-SEMARNAT-2010, lo que agrava la situación legal de sus poseedores. No se trata sólo de una falta administrativa, sino de un posible delito federal.
Por último, Brown Gantús advirtió que las consecuencias pueden ser severas: la posesión ilegal de estos animales contempla, según el Código Penal Federal, multas importantes e incluso penas de hasta nueve años de prisión.
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JGH