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Opinión

La batalla contra el sargazo no puede librarse sólo en las playas

Durante más de una década, cada temporada de sargazo ha repetido la misma escena en Quintana Roo: brigadas retirando toneladas de algas de la arena, hoteles instalando barreras flotantes, empresarios calculando pérdidas millonarias y turistas cambiando el color turquesa del Caribe por una extensa franja marrón que - al contacto- hasta alergias provoca.

La reacción siempre ha sido la misma: limpiar.

Sin embargo, la conferencia encabezada esta semana por la presidenta Claudia Sheinbaum dejó entrever que el Gobierno mexicano pretende cambiar el paradigma y que hay esperanza de lograrlo.

Hay también un panorama más real y claro: la batalla ya no puede librarse únicamente cuando el sargazo toca tierra. Debe comenzar mucho antes, en el lugar donde realmente nace el problema. Y esa diferencia cambia completamente la discusión.

El verdadero origen

Durante años se repitió que el sargazo provenía simplemente del Mar de los Sargazos, ubicado frente a Florida.Hoy la ciencia ofrece una explicación mucho más compleja.

La secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, explicó que por el año 2011 el equilibrio natural de aquella región comenzó a modificarse y enormes masas de sargazo fueron desplazadas hacia el Atlántico tropical, donde encontraron un escenario ideal para multiplicarse.

Los nutrientes provenientes de actividades agrícolas, principalmente nitrógeno y fósforo, junto con aguas cada vez más cálidas y cambios en la circulación oceánica, favorecieron una reproducción explosiva de esta macroalga. Después, las corrientes marinas hicieron el resto. Cada año transportan millones de toneladas hacia el Caribe. México recibe solamente una parte de ese enorme cinturón de sargazo que hoy se extiende desde África hasta el Golfo de México.

Diversas investigaciones publicadas por universidades estadounidenses y europeas coinciden en que el fenómeno responde a una combinación de factores: cambio climático, exceso de nutrientes, modificaciones en las corrientes marinas y alteraciones en la temperatura superficial del océano. No existe una sola causa. Y precisamente por eso tampoco existirá una solución única.

Un año fuera de toda proporción

Las cifras dadas a conocer por Semarnat explican por qué 2026 será recordado como uno de los años más complicados para Quintana Roo. Las cifras evidencian la magnitud del problema. En algunos días llegaron a navegar simultáneamente 90 mil 538 toneladas de sargazo en el Caribe mexicano.

Incluso en los momentos considerados de menor intensidad la cifra superó las 40 mil toneladas. Alrededor del diez por ciento termina llegando a las costas quintanarroenses. Estamos hablando de miles de toneladas diarias. Nunca antes se había observado un volumen semejante.

De acuerdo con Semarnat, este año se registró 27 veces más sargazo que el promedio histórico. Eso significa que el fenómeno dejó hace tiempo de ser un evento estacional para convertirse en una condición prácticamente permanente. Y eso obliga a pensar diferente.

Ya no basta con recogerlo

La presidenta Claudia Sheinbaum fue clara.

El problema no es únicamente turístico. También es ambiental. Por ello anunció una inversión cercana a dos mil millones de pesos destinada a proteger ecosistemas y fortalecer la estrategia integral contra el sargazo.

Durante mucho tiempo las playas fueron el centro de la discusión. Hoy aparecen también los arrecifes, los manglares, los pastos marinos y toda la biodiversidad que resulta afectada cuando miles de toneladas permanecen durante semanas descomponiéndose frente a la costa.

El mensaje es importante. No se trata solamente de recuperar la imagen del Caribe mexicano. Se trata de proteger uno de los ecosistemas más valiosos del planeta.

El nacimiento de una nueva industria

La otra gran novedad presentada por el Gobierno federal esta semana es quizá la más interesante. En lugar de considerar el sargazo únicamente como un residuo, México comienza a verlo como materia prima. Alicia Bárcena, la secretaria de SEMARNAT, informó que actualmente existen 198 iniciativas nacionales, de las cuales 11 tienen potencial de escalamiento industrial, mientras 39 empresas mexicanas ya elaboran productos derivados del sargazo: Biogás, Bioetanol, Biofertilizantes, grafeno, Materiales de construcción y Pinturas especializadas, entre otros. La lista continúa creciendo.

La gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, presentó además uno de los primeros resultados concretos. Se trata de una planta piloto que, mediante una inversión superior a 14 millones de pesos, logró producir biogás mezclando sargazo con lodos orgánicos. El objetivo es demostrar que aquello que hoy representa un enorme costo ambiental también puede convertirse en energía limpia y desarrollo industrial. A esto México le llama “Economía Circular”.

La propia presidenta destacó que empresas quintanarroenses ya producen fertilizantes orgánicos exportables utilizando sargazo húmedo. Es un cambio profundo. El sargazo deja de ser únicamente basura para convertirse en un recurso económico.

México puede liderar al Caribe

Quizá la decisión más relevante sea la convocatoria al Encuentro Internacional sobre Sargazo, que se realizará el 1 y 2 de octubre en Cancún.

Participarán prácticamente todos los países caribeños afectados, además de Brasil, Japón, la Unión Europea y organismos internacionales.

No es casual.

República Dominicana, Barbados, Jamaica y otras islas enfrentan problemas similares. Japón aportará tecnología y barcos especializados para la recolección mar adentro. Brasil deberá participar en la discusión sobre las causas ambientales relacionadas con los nutrientes que llegan al Atlántico. Y México buscará consolidarse como el principal centro regional para el tratamiento y aprovechamiento industrial del sargazo. Es un liderazgo que puede transformar una crisis ambiental en una oportunidad económica para toda la región.

El reto verdadero

Sin embargo, existe un riesgo. Y es quela nueva industria del sargazo termine acostumbrándose a depender de que cada año lleguen más toneladas. Ese no puede ser el objetivo.

La economía circular será bienvenida siempre que no sustituya la obligación de reducir las causas que alimentan el fenómeno. Porque la verdadera batalla no se ganará construyendo más plantas para procesar sargazo. Se ganará cuando el Atlántico deje de producir cantidades descontroladas de esta macroalga.

México parece haber entendido finalmente que limpiar playas nunca será suficiente. La solución comienza mucho antes de que la primera ola de sargazo toque la arena y ALGON, el novedoso producto que propone la empresa ALWEC, de Hungría, parece ser la solución.

Y si la reunión internacional de octubre logra convertir esa idea en una estrategia regional, quizá el Caribe empiece, por fin, a enfrentar el problema desde su verdadero origen.