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TMEC y la advertencia que México no puede ignorar

Sheinbaum ha evitado responder amenaza con amenaza. No ha convertido cada diferencia con Trump en una confrontación pública, ni siquiera cuando el jefe de la Casa Blanca se refiere a ella con términos que distan de ser diplomáticos.

El T-MEC es un acuerdo donde Estados Unidos quiere sacar más provecho a México y Canadá.
El T-MEC es un acuerdo donde Estados Unidos quiere sacar más provecho a México y Canadá. / Foto: Gobierno de México

Mientras Canadá y Estados Unidos entran en uno de sus choques comerciales más delicados de los últimos años, el secretario de economía y ex Canciller mexicano, Marcelo Ebrard está en Washington negociando. Lleva consigo experiencias y vivencias. La coincidencia no podría ser más significativa.

México observa cómo sus dos socios del T-MEC resuelven un “desencuentro”, como prudentemente lo calificó la presidenta Claudia Sheinbaum, después de que apenas unos días antes parecía posible alcanzar un acuerdo. Lo sucedido entre Washington y Ottawa contiene varias advertencias para México y su gobierno no las ignora. Eso explica que hace Marcelo Ebrard en el vecino país. 

Si bien existe un tratado de tres pares, Estados Unidos negocia cada vez más con sus socios por separado. Es la era Trump.

Sheinbaum habló la semana pasada con el primer ministro canadiense, Mark Carney y lo contó en su habitual conferencia mañanera. “Cuando hablé parecía que todo iba a llegar a un acuerdo”.  No ocurrió. Hubo lo que Sheinbaum con prudencia calificó de “desencuentro” en las negociaciones relacionadas con el incremento de aranceles planteado por Estados Unidos contra Canadá.

Cómo entender lo que pasa si Canadá no es un adversario de Estados Unidos. Es su vecino, aliado, uno de sus principales socios económicos y, junto con México, integrante del T-MEC.

Lo que está ocurriendo entre Washington y Ottawa demuestra hasta qué punto Donald Trump está dispuesto a utilizar los aranceles como instrumento de negociación incluso frente a sus aliados más cercanos. Es por esto que digo: México tiene razones suficientes para observar y aprender aunque hasta ahora, la estrategia mexicana ha sido diferente.

Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México

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Sheinbaum ha evitado responder amenaza con amenaza. No ha convertido cada diferencia con Trump en una confrontación pública, ni siquiera cuando el jefe de la Casa Blanca se refiere a ella con términos que distan de ser diplomáticos. 

La Presidenta ha privilegiado el diálogo, la negociación permanente y la búsqueda de acuerdos concretos. Sin embargo, los problemas que ha puesto Trump sobre la mesa están lejos de haberse resuelto. Me refiero a los aranceles estadounidenses de 50 por ciento sobre el aluminio, acero y sus derivados y de 25 por ciento sobre vehículos.

Además existe un gravamen de 10 por ciento sobre las exportaciones que no reciben el tratamiento preferencial del T-MEC.

“No queremos más aranceles, obviamente”, afirmó. Y ésa es precisamente una de las misiones que tiene Marcelo Ebrard durante su estancia en Estados Unidos. No es una misión fácil. México no quiere simplemente impedir nuevas tarifas. Quiere mejorar las condiciones actuales.

Canadá le está enseñando algo a México

Rodolfo Ramos, analista de Bradesco BBI, citado por El País al analizar las negociaciones comerciales norteamericanas, ha señalado que lo ocurrido entre Estados Unidos y Canadá no necesariamente produce consecuencias automáticas para México, pero sí proporciona información importante de cara a las negociaciones mexicanas.

En la práctica aparecen cada vez con mayor claridad dos mesas: Washington-Ottawa y Washington-México.Y Estados Unidos se sienta siempre la cabecera, con el sartén por el mango y ese mango son los aranceles.

El episodio canadiense deja otra enseñanza.

Un acuerdo aparentemente cercano puede complicarse en cuestión de horas.

Wendy Cutler, exnegociadora comercial estadounidense y actual vicepresidenta del Asia Society Policy Institute, consultada por The Washington Post, consideró lo ocurrido con Canadá un importante revés para la estrategia comercial de Trump y llamó la atención sobre un elemento que interesa especialmente a México: otros socios de Estados Unidos observarán cuidadosamente cómo termina esta confrontación. Porque negociar resulta mucho más complicado cuando las condiciones pueden modificarse durante el propio proceso. Y es que un entendimiento no es un acuerdo hasta que se vuelve acuerdo.

¿Está en peligro el T-MEC? Ésta es la pregunta inevitable

Los analistas Ed Mills y Andy Kellam, de Raymond James, citados por Yahoo Finance al evaluar la escalada comercial, han advertido sobre un escenario extremo: que un deterioro prolongado de las relaciones pudiera llevar a Trump a amenazar incluso con recurrir a los mecanismos que permiten iniciar una salida estadounidense del T-MEC.

No significa que vaya a ocurrir. Tampoco consideran que sea necesariamente el escenario más probable. Pero el simple hecho de que esa posibilidad entre en los cálculos de los analistas demuestra el grado de incertidumbre que existe.

Dan Ujczo, abogado especializado en comercio de América del Norte, consultado por The Washington Post, ha puesto el énfasis en el extraordinario nivel de integración alcanzado durante décadas por las economías estadounidense, mexicana y canadiense. Y ahí existe una realidad que ningún discurso político puede borrar de un día para otro. Una cosa es amenazar con romper una relación comercial. Otra muy distinta es calcular cuánto costaría separarse.

Un automóvil fabricado en Estados Unidos puede contener acero, componentes electrónicos y autopartes producidos en los tres países. Una misma pieza puede atravesar más de una vez las fronteras antes de incorporarse al producto terminado. Lo ha explicado Marcelo Ebrard en las conferencias de prensa. Y lo mismo sucede en agricultura, energía, manufactura avanzada y la electrónica.

El T-MEC no existe solamente porque tres gobiernos firmaron un documento. Va más allá. Miles de empresas han construido durante décadas fábricas, proveedores, inversiones, rutas logísticas y cadenas de producción alrededor de esa integración.

Deshacer todo eso requiere mucho más que una amenaza presidencial.

Jason Miller, especialista en cadenas de suministro de Michigan State University, también consultado por The Washington Post, advirtió sobre otro efecto que puede producir una escalada arancelaria: cuando las empresas estadounidenses no disponen de proveedores alternativos, tendrán que continuar importando determinados productos y enfrentar el aumento de costos provocado por los gravámenes. ¿Y en ese momento qué le va a responder Trump a los empresarios? ¿Le saldrá costoso?

Esa es una de las grandes paradojas de las guerras comerciales.El arancel se cobra en la frontera. Pero sus consecuencias pueden terminar llegando a las empresas y a los consumidores del propio país que lo impuso.

México busca evitar una guerra comercial

Aquí aparece probablemente una de las principales diferencias entre las estrategias mexicana y canadiense.

México no está intentando demostrar que puede ganar una guerra arancelaria contra Estados Unidos. Está intentando evitarla. No porque carezca de instrumentos para responder, sino porque existe una realidad económica imposible de ignorar: México y Estados Unidos están profundamente integrados. Una parte enorme de las exportaciones mexicanas tiene como destino el mercado estadounidense. Se trata del 80%. 

Pero la dependencia tampoco funciona en una sola dirección. México es uno de los mayores compradores de productos estadounidenses y una pieza fundamental de las cadenas industriales de Estados Unidos. Trump tiene capacidad de presión. México posee capacidad de negociación. Es cierto, no son equivalentes, pero ambas existen.

La nueva carta mexicana

Entre las declaraciones de Sheinbaum del lunes hubo un dato que merece especial atención. Las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos han aumentado de manera importante, explicó, “principalmente por lo electrónico”. Esto debido al auge de la inteligencia artificial y de los centros de datos estadounidenses.

La revolución tecnológica necesita servidores, componentes, sistemas eléctricos y enormes cantidades de equipos electrónicos. Ahí está México. Por tanto, esto puede convertirse en una nueva carta dentro de la negociación.

Pero Washington ha colocado sobre la mesa una exigencia: impedir la triangulación.

Estados Unidos no quiere que productos de terceros países entren por México simplemente para aprovechar las ventajas comerciales mexicanas y posteriormente cruzar la frontera. Y aquí ocurrió algo interesante. Sheinbaum coincidió en el objetivo. Respondió rápidamente. “Tampoco es interés nuestro que pasen por México y suban a Estados Unidos sin incorporarles valor agregado”, afirmó.

Esa frase define una política industrial. México no quiere convertirse simplemente en territorio de tránsito. Quiere que aquello que se exporta desde México incorpore valor mexicano. Porque el verdadero éxito del nearshoring no consiste en que una mercancía atraviese México. Consiste en que una parte cada vez mayor de esa mercancía se produzca en México.

Ahora bien. No perdamos de vista que ni a Canadá ni a México les conviene alcanzar ventajas por separado. si ambos terminan compitiendo individualmente por obtener mejores condiciones de Washington, Estados Unidos incrementará todavía más su poder negociador.

México y Canadá tienen intereses diferentes. Es cierto pero ambos buscan que el T-MEC continúe siendo un acuerdo entre tres países y no termine convertido en dos relaciones bilaterales administradas desde Washington.

Porque dividir a los socios también es una manera de negociar con ellos y sacar ventaja.

Cooperación sin subordinación. Sheinbaum volvió a establecer el lunes cuáles son sus límites.

Las negociaciones, dijo, deberán garantizar “el bienestar de México, nuestra Constitución y nuestra soberanía”.

Es la misma doctrina que su gobierno ha intentado aplicar en otros terrenos de la relación bilateral:

"Cooperación, sí. Negociación, sí. Integración, sí. Pero subordinación, no".

Ahora esa fórmula tendrá que demostrar que también puede producir resultados comerciales. Porque soberanía no significa aislarse. Significa sentarse a negociar sabiendo cuáles intereses nacionales no pueden entregarse.

Veamos cuál camino gana

Porque Trump puede utilizar los aranceles como instrumento de presión, pero las empresas estadounidenses también pagarían una parte considerable del costo de desmontar las cadenas norteamericanas. Eso tiene un costo sobre todo con las elecciones intermedias a las puertas. Y hay otra realidad que no debemos pasar pro alto: México tiene capacidad real de negociación, y no sólo necesidad de llegar a un acuerdo.