En Quintana Roo van mil 846 mordeduras de perro en lo que va del 2025, un aumento respecto a los mil 387 en el mismo periodo del 2024, según el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. Tan solo en la última semana, 53 personas fueron atendidas en centros médicos por esta causa, lo que refleja una tendencia al alza en este tipo de incidentes.
Del total de personas atendidas este año en la entidad, 886 son hombres y 960 mujeres. Esto indica que, en promedio, cada día durante las 39 semanas transcurridas del año, aproximadamente 3.2 varones y 3.5 féminas han necesitado atención médica tras haber sido atacadas por un can.
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Al comparar estas estadísticas con otros estados de la Península, Quintana Roo se posiciona en un nivel intermedio. En Campeche se reportaron 618 varones y 521 mujeres lesionados en el mismo lapso, lo que equivale a un promedio diario de 2.2 hombres y 1.9 mujeres, números considerablemente más bajos que los de Quintana Roo.
En cambio, Yucatán lidera la región, con 2 mil 96 hombres y mil 964 mujeres agredidos, es decir, un promedio diario de 7.6 varones y 7.1 mujeres, prácticamente el doble de lo registrado en territorio quintanarroense.
Expertos señalan que detrás de estos números existen factores como la proliferación de perros sin hogar, la escasa práctica de la esterilización y la falta de campañas permanentes sobre concientización y tenencia responsable.
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En Quintana Roo, los ataques han generado consecuencias que trascienden la atención hospitalaria. Un ejemplo fue a inicios del año en Playa del Carmen, donde un pitbull agredió a dos niñas en el fraccionamiento Villas del Sol. Una de ellas sufrió lesiones graves en el rostro y tuvo que ser sometida a cirugía reconstructiva, lo que provocó indignación entre los habitantes y reavivó el debate sobre la responsabilidad de los propietarios de razas catalogadas como potencialmente peligrosas.
El incidente en Playa del Carmen no fue un hecho aislado y evidencia la exposición de niños y adultos frente a animales sin control. Mientras algunos episodios son provocados por canes callejeros, otros ocurren dentro de viviendas o espacios públicos, cuando los animales de compañía no están bajo supervisión. Esta realidad refleja que tanto la ausencia de políticas efectivas como la falta de compromiso individual forman parte del problema.