Maximiliano, de 22 años, recorre diariamente más de 300 kilómetros desde Mérida hasta este destino para vender pitahayas junto con sus padres y primos, quienes desde las primeras horas del día cargan la camioneta Ford con la fruta que ofrecen en el cruce de las avenidas José López Portillo y Nichupté.
La jornada comienza alrededor de las cuatro de la mañana, cuando la familia sale de Yucatán para llegar temprano a Cancún e instalar su pequeño punto de venta. Aunque reconoció que es un trabajo pesado, el joven asegura que lo realiza con gusto porque representa una forma de apoyar a sus seres queridos.
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“Es una chamba dura y cansada, pero me gusta hacerla porque así apoyo a mi familia, aunque me hubiera gustado terminar de estudiar. Quizá lo haga después”, comentó.
La pitahaya, una fruta característica de esta temporada por su color rosado y su pulpa blanca o rojiza, es el principal producto que trasladan hasta Cancún, aunque también comercializan otros alimentos del campo como plátano macho y naranja agria.
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Durante la venta, los más pequeños de la familia también colaboran con algunas tareas, mientras Maximiliano observa con orgullo que sus primos y sobrinos continúan estudiando, con la esperanza de que puedan alcanzar metas que él no logró cumplir, como terminar una carrera profesional.
Vecinos y trabajadores de la zona suelen acercarse al puesto para comprar fruta y conversar con la familia, además de reconocer la calidad de sus productos y el esfuerzo que implica trasladarse cada día desde Yucatán.