El Jardín Zoológico Payo Obispo confirmó este martes 3 de junio el fallecimiento de “El Güero”, el dromedario que durante más de dos décadas fue uno de los habitantes más reconocidos y fotografiados del parque. La noticia dejó un vacío entre visitantes, familias locales y trabajadores del recinto, quienes lo describieron como un símbolo vivo de la infancia de varias generaciones en la capital de Quintana Roo.
Bianca Novelo Durán, encargada del zoológico, dio a conocer la información acompañada por el equipo de médicos veterinarios y cuidadores. Con voz entrecortada, señaló que la pérdida toca fibras profundas en la institución porque “El Güero” no era solo un ejemplar en exhibición: era parte de la rutina diaria del personal y del paisaje afectivo de la ciudad. Durante años recibió a miles de niños que lo identificaban por su pelaje claro, de donde tomó su nombre, y por su temperamento tranquilo que permitía acercamientos durante las visitas guiadas.
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Según los registros clínicos del Payo Obispo, “El Güero” ya había rebasado la expectativa de vida promedio de un dromedario bajo cuidado humano, que ronda entre los 20 y 25 años. Su edad avanzada derivó en complicaciones naturales propias de la senectud, cuadro que fue atendido de forma continua por el área veterinaria. Novelo Durán subrayó que no hubo omisión ni negligencia en su atención.
Por el contrario, en los últimos meses se reforzó el protocolo geriátrico: dietas personalizadas con suplementos vitamínicos y minerales, ajustes en las porciones para facilitar la digestión, monitoreo médico diario para controlar dolores articulares y revisiones constantes de signos vitales. El personal de cuidadores mantuvo turnos especiales para acompañarlo, hidratarlo y asegurarse de que descansara sin estrés, sobre todo en días de calor intenso característicos de Chetumal.
“El Güero” llegó al zoológico siendo joven y pronto se adaptó al clima tropical, algo poco común para una especie originaria de zonas desérticas. Su presencia ayudó a explicar a estudiantes y familias las diferencias entre dromedarios y camellos, el papel de la joroba como reserva de grasa y las adaptaciones de estos animales a entornos extremos. Con el tiempo, se volvió parada obligatoria en el recorrido y protagonista de incontables fotografías escolares, festivales del Día del Niño y tardes de domingo.
Tras darse a conocer el deceso, el H. Ayuntamiento de Othón P. Blanco emitió un mensaje de condolencias públicas. En el documento reconoce la labor de biólogos, veterinarios, técnicos y cuidadores que velaron por el bienestar del dromedario a lo largo de su vida y destacó que su partida cierra un capítulo importante en la historia recreativa de la ciudad. Vecinos que crecieron visitándolo compartieron en redes sociales recuerdos y anécdotas: desde la primera vez que lo vieron beber agua hasta el asombro de tocar su pelaje.
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El zoológico informó que el espacio que habitaba “El Güero” permanecerá temporalmente sin un nuevo ejemplar, en señal de respeto y mientras se evalúan las condiciones para futuras integraciones al programa de conservación educativa. También se planea colocar una placa conmemorativa cerca de su recinto para que las familias puedan recordarlo.
Con la muerte de “El Güero” se va un referente de la memoria colectiva chetumaleña. Más que un animal de exhibición, fue un puente entre la curiosidad infantil y el aprendizaje sobre fauna del mundo, y un recordatorio de los vínculos que pueden formarse entre la comunidad y los seres que habitan sus espacios públicos. El personal del Payo Obispo reiteró que seguirá trabajando para que cada especie bajo su resguardo reciba atención digna y especializada.