Filiberto Martínez Méndez concentra lo que queda del PRI en Playa del Carmen, donde fue presidente municipal entre el 2011 y 2013, también ha sido diputado local en varias legislaturas y hoy ocupa una curul y figura entre los “defensores de México” que el tricolor perfiló para Quintana Roo rumbo al 2027, pero, si no alcanza la candidatura a la gubernatura, su nombre vuelve a sonar para la alcaldía.
La radiografía de su trayectoria no se sostiene en resultados de transformación, sino con una deuda millonaria que dejó de herencia tras su administración, en obras que no se concluyeron y en una influencia que ha perdurado más allá de los cargos formales.
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El trienio que multiplicó los pasivos
Cuando Martínez Méndez llegó a la presidencia municipal de Solidaridad la deuda bancaria rondaba los 160 millones de pesos, pero al dejar el cargo, los pasivos bancarios superaban los 517 millones, en ese tiempo se habló de una reestructuración y de nuevos créditos que elevaron aún más la carga ya que sumando adeudos con contratistas, proveedores y acreedores, algunas reconstrucciones de la cuenta pública colocaron el total cerca de los mil millones de pesos. El municipio, uno de los que más recursos propios genera por el turismo, quedó con una carga que sigue pagando años después.
Los créditos se justificaron con obras “productivas”: un nuevo palacio municipal, el Teatro de la Ciudad, ampliaciones en seguridad pública y remodelaciones de unidades deportivas, pero varias de esas obras quedaron inconclusas o no se realizaron en los términos anunciados. La Auditoría Superior del Estado señaló anomalías en el ejercicio del gasto y la herencia no fue de infraestructura terminada sino de deuda y proyectos a medias.
De la alcaldía al Congreso y de regreso a la sombra del poder
Antes de gobernar, Martínez Méndez ya había ocupado cargos en el Ayuntamiento: director de Atención Ciudadana, coordinador de áreas sociales, regidor, secretario general. Después de la alcaldía regresó al Congreso; ha sido diputado local en distintas legislaturas. Ese tránsito entre el Ejecutivo municipal y el Legislativo le permitió mantener presencia y fuero en momentos clave.
Durante administraciones posteriores, en especial la de Lili Campos, medios locales lo señalaron como una figura con influencia en decisiones de contratación, en el manejo del comercio informal y en el transporte, incluso se habló de empresas vinculadas a su entorno que recibieron contratos millonarios por servicios de mantenimiento vehicular y otros rubros, también se documentaron adquisiciones de predios y trámites agrarios iniciados mientras ocupaba cargos de representación.
Dolorosa derrota en el 2016
A pesar del control político que ha mantenido en Playa del Carmen, en el proceso electoral del 2016, compitió por segunda ocasión para convertirse en alcalde de Playa del Carmen cobijado nuevamente por el PRI. En esos comicios perdió la elección frente a Cristina Torres Gómez, actual secretaria de Gobierno del estado, quien en aquella ocasión encabezó la alianza opositora conformada por el PAN y el PRD, y quien ahora busca también regresar a la alcaldía, pero en esta ocasión con Morena.
El PRI que gira en torno a una sola figura
En Playa del Carmen el PRI no presenta una oferta plural de aspirantes, gira en torno a Martínez Méndez, aunque hay algunos cuantos aspirantes más, pero sin el posicionamiento ni el control que mantiene Filiberto, incluso la dirigencia municipal reciente y los actos de toma de protesta lo tienen como referencia obligada.
A nivel estatal, su inclusión entre los “defensores de México” junto a Cora Amalia Castilla y Leslie Hendricks confirma que el partido nacional lo considera un activo y en el municipio, ese activo es también el recordatorio permanente de la administración que dejó la deuda más mencionada de los últimos años.
Las alianzas que construyó -incluido el esquema PRI-PAN que llevó a Lili Campos al Ayuntamiento- se deshicieron después de la derrota del 2024, figuras que operaron en ese entorno se desplazaron o quedaron en el limbo pero Martínez Méndez permaneció. Su estilo de operar en más de una dirección ha generado desconfianza incluso al interior de lo que queda del tricolor local.
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Lo que queda después de la deuda
Filiberto Martínez Méndez no es un recién llegado, es un operador de larga data que conoció el Ayuntamiento desde adentro, lo gobernó y después mantuvo influencia desde el Congreso y desde las estructuras informales del poder local.
Los números de su trienio como alcalde -deuda multiplicada, obras inconclusas, observaciones de auditoría- siguen siendo el principal capital negativo que arrastra, por lo que las acusaciones de control sobre contratos y espacios económicos durante administraciones posteriores alimentan la percepción de un poder que no depende sólo del cargo formal.
En un municipio que exige resultados de gestión y transparencia en el uso de los recursos, su proyección hacia el 2027 -ya sea por la gubernatura o por la alcaldía- se construye sobre ese historial.
Los hechos disponibles muestran un político que ha sabido permanecer, pero, también, muestran el costo que esa permanencia ha tenido para las finanzas municipales y para la credibilidad de un partido que hoy se mueve en números de un dígito. Esa es la radiografía que permiten los registros, las auditorías y las trayectorias documentadas hasta ahora.