Con el horizonte azul como fondo y el sonido de las olas rompiendo contra el muelle, el Buque Escuela Cuauhtémoc abrió sus puertas al público en el puerto de Progreso, donde permanecerá hasta el sábado 15 de noviembre.
Desde su arribo, el legendario velero de la Armada de México se convirtió en punto de reunión para familias, turistas y curiosos que aprovecharon la oportunidad de conocer al también llamado Embajador y Caballero de los Mares.
Desde la Casa de la Cultura de Progreso, grupos de personas abordaron los autobuses gratuitos dispuestos por Autoprogreso para trasladarse hasta el Muelle de Transbordadores de la Terminal Remota. Niños con banderitas, parejas y adultos mayores se mezclaban en un ambiente festivo mientras esperaban su turno para subir al imponente navío, que ondea orgulloso en la popa la bandera nacional.
Emoción y reencuentros
Entre los visitantes se encontraba Daisy Tamayo, madre del cadete de la H. Escuela Naval, Ángel Jesús Santos Tamayo, originario de Mérida y tripulante del Cuauhtémoc desde hace casi cuatro años.
“Llevaba cinco meses sin verlo. Cuando lo vi bajar del barco, no pude evitar las lágrimas”, relató emocionada. Su hijo cursa el último año de formación naval, etapa en la que ha recorrido distintos puertos del mundo como parte de su entrenamiento.
“Me siento muy orgullosa de él, de su compromiso y de lo que representa este buque para todos los mexicanos”, añadió Daisy, quien destacó que otro joven meridano también forma parte de la tripulación, reflejo de la creciente presencia de yucatecos en la vida naval.
Una travesía marcada por el valor
El ARM Cuauhtémoc zarpó del puerto de Nueva York el pasado 4 de octubre, como parte de su travesía internacional de instrucción, aunque el viaje estuvo marcado por un momento difícil: un accidente a bordo que cobró la vida de dos cadetes mexicanos.
Tras esa tragedia, el velero continuó su ruta, haciendo escala en Cozumel el 2 de noviembre, antes de arribar a aguas yucatecas. Desde aquí, el buque navegará hacia Veracruz, y finalmente a su puerto base en Acapulco, Guerrero, donde concluirá la travesía.
Pese a los efectos del Frente Frío No. 13, que trajo rachas de viento y descenso de temperatura, el ambiente en cubierta fue de entusiasmo. Los cadetes recibieron a los visitantes con calidez, guiándolos por las cubiertas y pasillos y respondiendo con paciencia cada pregunta. “No hay viento que detenga el ánimo de esta tripulación”, comentó uno de los oficiales mientras ayudaba a un grupo de escolares a subir a bordo.
Niños marineros por un día
Entre los asistentes también se encontraban pequeños alumnos del Centro de Desarrollo Infantil Naval Yucalpetén, institución dependiente de la Secretaría de Marina (Semar), dedicada a la educación y cuidado de los hijos del personal naval de la IX Zona Naval.
Acompañados por sus maestras y por elementos de la Semar, los niños recorrieron emocionados la cubierta, observaron los cañones, las velas y los cabos, y escucharon atentos cómo se forma un marino mexicano.
Durante su estancia en altamar, los cadetes navales del Cuauhtémoc no sólo cursan estudios teóricos, sino también ponen en práctica sus conocimientos de navegación, maniobras y liderazgo.
Incluso mientras el buque permanece atracado continúan realizando ejercicios de instrucción. “Aquí cada día es una lección”, comentó un cadete de segundo año, mientras ajustaba las velas junto a sus compañeros.
Embajador del pueblo
Visitar el Cuauhtémoc no es sólo conocer un barco: es entrar en contacto con una tradición viva. El velero, actualmente con 166 cadetes a bordo (114 hombres y 52 mujeres), ha visitado 217 puertos de más de 63 países, llevando la bandera y el espíritu de México a los cinco continentes. Durante sus más de cuatro décadas de servicio, el buque ha recibido a cientos de miles de visitantes y se ha convertido en símbolo de disciplina, camaradería y orgullo nacional.
Para muchos, su presencia en Yucatán también tiene un valor formativo. Humberto Peniche, quien recorrió el buque con su familia, consideró importante que más colegios organicen visitas. “Los niños son el futuro –dijo–, ver esto de cerca les despierta respeto por la Marina y amor por su país”. En tanto, Harubi Mena opinó que el velero es “una inspiración para quienes sueñan con servir a México desde el mar”.
El Buque Escuela Cuauhtémoc no sólo navega mares: también forja carácter, disciplina y orgullo nacional. Su paso por Yucatán recuerda que detrás de cada uniforme blanco hay jóvenes que, como Ángel, el hijo de Daisy, aprenden a enfrentar las tempestades con honor y a izar las velas con esperanza.