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Yucatán

Tradición y misterio rodean a las rezadoras durante los días de finados en Yucatán

En Tekal de Venegas, una antigua narración cuenta cómo una mujer escuchó las voces de sus padrinos fallecidos después de negarse a rezar por las ánimas durante la madrugada.

Rezadoras de Tekal de Venegas mantienen viva la tradición de orar por las ánimas
Rezadoras de Tekal de Venegas mantienen viva la tradición de orar por las ánimas / Por Esto!

En los municipios del estado, como Tekal de Venegas, las señoras que rezan los novenarios a los santos, vírgenes y cristos de devoción familiar o local tienen un papel importante en las comunidades.

Este servicio religioso ha inspirado leyendas y relatos sobre sucesos extraordinarios que ocurren durante los días de finados. Son mujeres reconocidas por su piedad, caridad, fortaleza y recato.

Cuenta la tradición que, hace mucho tiempo, una rezadora había convertido sus oraciones en una práctica monótona, más por costumbre que por verdadera devoción cristiana.

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Por ello, pensaba que ese año no saldría a orar por las ánimas del purgatorio, como acostumbraba hacerlo durante la madrugada en el llamado Rosario de Bienvenida.

Una semana antes, varias señoras le habían solicitado acudir a sus casas, pero ella se negó argumentando que padecía dolores en el cuerpo, los cuales, según decía, se agudizaban durante la madrugada. Incluso rechazó la invitación de su comadre, donde cada año cumplía con aquella piadosa tradición.

“¡Con las pocas rezadoras que quedan en el pueblo y ella negándose!”, comentaban las mujeres.

Llegó el Día de Muertos. En la madrugada, como de costumbre, despertó al escuchar que alguien pronunciaba su nombre. La voz era la de su madrina, fallecida muchos años atrás.

Pensó que quizá lo había imaginado o que todavía se encontraba entre sueños. Sin embargo, poco después tocaron fuertemente la aldaba de su puerta.

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Nuevamente escuchó su nombre, esta vez pronunciado por una voz masculina que reconoció como la de su difunto padrino. Una sacudida de nervios la invadió por todo el cuerpo.

La mujer tomó su santo rosario, buscó entre sus papeles la oración titulada Novenas a las atormentadas almas que penan, la guardó en

su bolsa de manta, agarró el viejo tul que utilizaba como mantilla y salió rumbo a la casa de su comadre.

Al llegar, justo cuando encendían las velas, saludó y, sin mencionar lo sucedido, se dispuso a rezar. Al terminar, con lágrimas en los ojos, relató lo que había experimentado.

Niños, jóvenes y adultos escucharon atentamente aquella historia. Desde entonces, todos reafirmaron su compromiso de continuar celebrando con profundo respeto la ofrenda anual durante los días de finados.

“¡Era la voz de mi kichkelem madrina y de mi kichkelem padrino, los que me hablaron! ¡Ay, y yo que no les quería rezar, que no les quería hacer caso! ¡Sí vienen las ánimas, niños, sí vienen los santos finados!”, repetía la rezadora, mientras abundantes lágrimas rodaban por sus mejillas.

Atónitos quedaron los familiares, amigos y vecinos que se sumaron a la devoción.

Dicen los antiguos pobladores que las ánimas son como el viento: se dejan ver, hacen escuchar sus voces o sus lamentos para reafirmar su presencia durante estos días especiales.

También, cuentan los habitantes, se manifiestan para recordar a los incrédulos que sí vienen de visita, que regresan a sus solares, a sus casas y a pueblos para descansar y convivir, aunque sea por unas horas, con quienes aún los recuerdan.