A las cuatro de la mañana, el muelle aún está oscuro en Progreso. Los motores rompen el silencio antes que el sol. En cada lancha van hombres que no hablan de cifras ni de exportaciones: hablan del clima, del combustible, de si el banco “respondió” el día anterior. Sin embargo, detrás de cada jornada de pesca hay números que hoy colocan a Yucatán en un momento crucial.
La temporada 2025 de pulpo —el producto estrella del litoral— cerró con más de 25 mil toneladas capturadas y una derrama que superó los mil 700 millones de pesos, de acuerdo con reportes oficiales del sector. Es uno de los mejores ciclos de los últimos años. Para José Enrique Sánchez Sánchez, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Pesquera y Acuícola (Canainpesca) en Yucatán, los resultados muestran que el recurso respondió y que las medidas de manejo funcionaron.
Pero en el mismo párrafo en el que reconoce el crecimiento, introduce una advertencia: las cifras globales no reflejan siempre la realidad del pescador ribereño. Mientras algunos lograron buenas capturas, otros regresaron con volúmenes que apenas cubrieron los costos operativos. El precio del diésel marino, el hielo, la reparación de motores y la necesidad de navegar más millas para encontrar pulpo o mero han encarecido cada salida.
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Yucatán posee más de 300 kilómetros de litoral y 15 puertos pesqueros. Se estima que alrededor de 15 mil familias dependen directa o indirectamente de la actividad. La pesca no sólo es una estadística productiva: es el sostén económico de comunidades completas donde casi el 90 por ciento del ingreso familiar proviene del mar.
Bonanza con fracturas
El pulpo es el termómetro del sector. Cuando hay buena temporada, se mueve todo: congeladoras, transportistas, empacadoras, exportadores. La decisión de ampliar la cuota de captura para 2025 hasta 32 mil toneladas respondió a evaluaciones técnicas que apuntaban a disponibilidad suficiente del recurso.
Sin embargo, el presidente de Canainpesca advierte que el verdadero reto no está en cuánto se permite capturar, sino en cuánto se logra vigilar. “Si no hay inspección real en altamar, la cuota deja de ser un instrumento de orden y se convierte en papel”, ha señalado en distintos encuentros con el sector.
El mero —otra especie estratégica para Yucatán— también mostró recuperación en volumen respecto a ciclos anteriores. Pero Sánchez Sánchez estima que el crecimiento proyectado de entre 400 y 500 toneladas anuales dependerá estrictamente del respeto a las vedas.
Ahí aparece la grieta más profunda del sistema.
Competencia desleal y riesgo ambiental
En la caleta de Progreso y en otros puntos del litoral norte, pescadores han denunciado la presencia de embarcaciones con permisos presuntamente irregulares. Barcos de mayor tamaño, mayor potencia y mayor capacidad de almacenamiento compiten con lanchas ribereñas que operan en regla.
Para el dirigente empresarial, el problema no es aislado ni menor. Sostiene que la falta de coordinación efectiva entre autoridades federales, estatales y municipales permite que el furtivismo se infiltre en la cadena comercial. Cuando una embarcación no respeta la veda o la talla mínima, el daño no es sólo económico: compromete la reproducción futura de la especie.
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La pesca ilegal también altera el mercado. Productos capturados fuera de norma ingresan a circuitos informales con precios atractivos, lo que presiona a quienes sí cumplen reglas sanitarias y fiscales. En ese escenario, la competencia deja de ser técnica y se convierte en desigual.
Marea roja y el costo de la desinformación
El 2025 dejó otra lección. El episodio de florecimiento algal nocivo —la llamada marea roja— no paralizó toda la actividad, pero sí generó temor en consumidores. Las vedas sanitarias en zonas específicas fueron necesarias, pero la comunicación tardía, considera Sánchez Sánchez, amplificó el impacto comercial.
Cuando las autoridades salieron a explicar el fenómeno, el mercado ya estaba resentido. Restaurantes redujeron compras y consumidores optaron por otros productos. “El daño fue más comercial que biológico”, resume el líder pesquero.
El episodio evidenció que la pesca no depende únicamente de lo que ocurre bajo el agua, sino también de la confianza pública.
Durante las vedas de mero y pulpo, los pescadores reciben apoyos combinados que rondan los 14 mil pesos entre depósitos federales y vales estatales. El programa “Respeto la Veda” ha sido reconocido por el sector como un alivio tangible para miles de familias.
Pero el propio presidente de Canainpesca insiste en que los subsidios no sustituyen la vigilancia. El verdadero indicador, afirma, se observa cuando termina la restricción: si las capturas posteriores son sólidas, la veda funcionó; si no, algo falló en el control.
El horizonte internacional
En paralelo, Yucatán busca fortalecer su presencia en mercados globales. La participación en ferias como la Seafood Expo North America y la Seafood Expo Global responde a la estrategia de consolidar exportaciones de pulpo y mero hacia Europa y Estados Unidos.
Además, el sector trabaja con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) para cumplir estándares que permitan abrir mercados como el chino y el ruso. Diversificar compradores significa reducir vulnerabilidad ante fluctuaciones internas.
Sin embargo, abrir puertas afuera exige orden dentro.
La pesca yucateca vive un momento paradójico. Tiene cifras récord en su principal producto, mayor presencia internacional y apoyo gubernamental durante vedas. Pero también enfrenta pesca ilegal persistente, fenómenos ambientales más frecuentes y costos operativos crecientes.
El dilema es claro: si se fortalece la inspección, se profesionaliza la cadena comercial y se consolida la sustentabilidad del recurso, Yucatán puede convertirse en referente nacional de pesca responsable. Si no, el crecimiento actual podría agotarse como una buena temporada que no se repite.
Al caer la tarde, cuando las redes se tienden para secarse y el pulpo se clasifica por talla, el mar parece infinito. Pero no lo es. Su abundancia depende de decisiones humanas.