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Yucatán

La otra cara del turismo en Yucatán: cooperativas mayas sobreviven entre regateos y megaproyectos

El turismo comunitario en Yucatán resiste, aunque las cooperativas mayas compiten en desventaja contra empresarios.

En Yokdzonot, una cooperativa fundada en 2005 demostró que comunidades originarias pueden ser protagonistas
En Yokdzonot, una cooperativa fundada en 2005 demostró que comunidades originarias pueden ser protagonistas / Por Esto!

A diez kilómetros de Chichén Itzá, en la localidad de Yokdzonot, un grupo de vecinos tomó una decisión hace veinte años que todavía sorprende por su claridad: en lugar de esperar a que una empresa llegara a explotar su cenote, lo recuperaron ellos mismos. Formaron la cooperativa Zaaz Koolen Haa en 2005, cercaron el área, construyeron infraestructura básica y comenzaron a recibir turistas. El modelo funcionó. Y entonces llegaron los problemas.

Mientras la cooperativa de Yokdzonot recibió una inversión acumulada de aproximadamente cinco millones de pesos a lo largo de más de una década mediante programas federales, un empresario privado invirtió 160 millones de pesos para abrir el parque “ecológico” Tsukán a pocos kilómetros del mismo cenote. La desproporción dice todo sobre las condiciones en que compiten los dos modelos.

El modelo que sí funciona, cuando lo dejan

El Gobierno de Yucatán presentó en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) de 2025 el catálogo “Yucatán Mosaico de Experiencias”, elaborado en conjunto con la Unesco, Airbnb y la alianza Co’ox Mayab, que agrupa a nueve empresas sociales de turismo comunitario en la entidad. El catálogo destaca 14 experiencias que incluyen talleres de bordado, visitas a apiarios de abejas meliponas, gastronomía tradicional y recorridos por zonas naturales protegidas. 

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El proyecto tiene logros concretos: en el Tianguis Turístico de 2025, la revista México Desconocido reconoció a Yucatán como finalista en la categoría de Turismo Comunitario por la diversidad y autenticidad de sus productos. Sin embargo, el reconocimiento no resuelve el problema estructural que enfrentan estas comunidades.

Sólo un porcentaje mínimo de los emprendimientos de turismo comunitario en la Península de Yucatán logra articular al mismo tiempo viabilidad comercial y distribución equitativa de beneficios. La comercialización sigue siendo el gran talón de Aquiles: la brecha digital en zonas rurales es flagrante y la competencia con operadores privados se da en condiciones profundamente desiguales. 

El regateo y la privatización silenciosa

Uno de los mecanismos más erosivos para el turismo comunitario opera en las carreteras, lejos de cualquier regulación. Los socios de Zaaz Koolen Haa documentaron el constante regateo de guías y choferes que llevan turistas a los cenotes, quienes en ocasiones amenazan con desviarlos a otros destinos si no reciben una comisión. En el 2018, los turoperadores y guías se quedaron con el 25 por ciento del ingreso bruto de la cooperativa. 

La presión no viene sólo de los intermediarios. En el oriente de Yucatán, varios cenotes ubicados en tierras bajo régimen de propiedad social han sido parcelados y vendidos. Los anuncios de venta de terrenos “con cenote” son cada vez más comunes en carreteras rurales y plataformas digitales de bienes raíces.  Lo que para las comunidades es patrimonio colectivo y fuente de vida, para el mercado es simplemente un activo que añade valor a un predio.

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Lo que está en juego

El debate sobre el turismo comunitario no es sólo económico: es cultural y político. Las cooperativas como las de Yokdzonot o Río Lagartos no son únicamente empresas; son formas de organización que permiten a las comunidades controlar su propio territorio y decidir cómo se relacionan con el exterior. Pero incluso estas estructuras están expuestas a las fuerzas privatizadoras que articulan al Estado y al empresariado, y terminan compitiendo con el gran turismo en condiciones de desventaja. 

Mario Tuz May, presidente de Co’ox Mayab, lo señaló con precisión: “Hemos trabajado para promover un turismo solidario y responsable con las comunidades locales y el medio ambiente. Nuestra iniciativa nace del esfuerzo colectivo entre cooperativas, academia y sociedad civil para construir otras formas de hacer turismo. Pero la comercialización sigue siendo uno de los grandes retos, sobre todo por la creciente competencia”. 

El cenote de Yokdzonot sigue abierto. La cooperativa sigue operando. Pero la pregunta que flota en cada temporada turística es la misma: ¿cuánto tiempo más pueden sostenerse con las reglas actuales?