Con motivo de la Semana Santa y sus celebraciones, las iglesias de Yucatán exponen a pública veneración imágenes de santos, vírgenes y cristos que forman parte del patrimonio del arte sacro que los templos resguardan y son verdaderas obras de herencia colonial.
Estas figuras, cuidadas desde siempre por los fieles y los párrocos en turno, dan esplendor y solemnidad a los eventos piadosos y procesiones, principalmente el Viernes Santo, lo que permite admirarlas de cerca en este tiempo, pues generalmente permanecen en sus nichos o en las sacristías.
De la gran mayoría de estas imágenes no se tiene un registro exacto de su origen o temporalidad. Se desconoce la procedencia y los escultores que las crearon, aunque en los inventarios parroquiales resguardados en el archivo histórico de la Arquidiócesis de Yucatán, hay algunos textos que cuentan la historia de ciertas piezas, muchas tan antiguas que datan de los siglos XVII y XVIII.
En la persecución religiosa, entre 1916 y 1918, los católicos resguardaron sus imágenes, en especial las que se utilizan en la Semana Santa, como cristos yacientes, dolorosas, cruces y demás santos que se exponen desde entonces a la pública veneración.
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Entre las más populares se encuentran: La Dolorosa. Es la representación de la Virgen María al pie de la cruz de su hijo. Es de las primeras devociones practicadas por los españoles en la Catedral de Mérida. El cura Francisco Cárdenas y Valencia señaló en 1612 que la Dolorosa salía en procesión la noche del Viernes Santo. Otra de las más antiguas es la Virgen de la Soledad de la hacienda Pebá, que data de finales del siglo XVIII. Esta advocación es conocida como La Soledad, de las Angustias, de los Siete Dolores y de Luto.
En las iglesias de Yaxkukul, Bolón, Teabo y Telchaquillo, según la costumbre, se viste de dolorosas, con riguroso negro, a la Virgen de la Candelaria o de la Concepción.
Por otro lado, el Santo Sepulcro corresponde a una caja mortuoria en la cual descansa un cristo articulado de los brazos que preside el llamado Oficio de Tinieblas del Viernes Santo. Muchas de ellas son verdaderas joyas como las que se encuentran en el exconvento franciscano de Maní o el primitivo de Izamal, hasta el impresionante y sobrio sepulcro de la iglesia de Tekal de Venegas, del siglo XIX.
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San Juan Apóstol, la imagen del considerado discípulo amado, flanquea en algunas iglesias a la Virgen de la Dolorosa, como en la Catedral de Mérida o las iglesias de Kantunil, Temax, Conkal y Valladolid, entre otras.
San José de Arimatea: La única imagen se encuentra en la iglesia de la Natividad, en Acanceh. Se ubica siempre al lado del sepulcro. Los evangelios relatan que fue quien prestó la sepultura al cuerpo de Jesús. Su fiesta es el 17 de marzo y es patrono de funerarias y sepultureros.
La Verónica. Su nombre viene de Vero Nica, o sea, verdadera faz, y se refiere a que el rostro de Cristo se grabó en su velo cuando limpió su sangre. Esta imagen se puede encontrar en las iglesias de Conkal, Tekit y Temax, entre otras. Forma parte de los cuadros del Viacrucis y su fiesta es el 9 de julio.
San Dimas, conocido como el buen ladrón, a diferencia de otros santos del Viacrucis, es venerado de forma particular y pública. Algunos ranchos y antiguas haciendas llevan su nombre y sus imágenes se pueden encontrar en ciertos domicilios. Su imagen crucificada ubicada en la Catedral de Mérida y en los templos de Yobaín, Panabá y en Tekal de Venegas se representa con su imagen pintada en una cruz de madera.
Otras efigies, como la de Gestas, el mal ladrón, escasas de María Magdalena, y otras de la Virgen María son posible ubicarlas en los templos católicos como legado de siglos, cuando esta tierra era aún el Obispado Yucatanense, y ante las cuales se profesaron las devociones de los abuelos.