Con más de cuatro décadas dedicadas al bordado tradicional, la artesana Juanita May Pech mantiene viva una de las expresiones más representativas de la identidad yucateca, a través de la elaboración de hipiles y ternos hechos a mano, preservando técnicas ancestrales como el punto de cruz, conocido en lengua maya como Xokbil Chuuy.
Juanita May es ampliamente reconocida en las comunidades del Poniente del estado por su labor artesanal, que la ha llevado a consolidarse como una de las mujeres que preservan el trabajo manual y transmiten la tradición y las costumbres yucatecas a través de la elaboración de prendas típicas.
Actualmente, Juanita reside en un predio ubicado en la calle 25 entre 28 y 30, en la localidad de Kinchil, sobre la vía que conduce al puerto de Celestún.
Noticia Destacada
Pasarela de ropa típica de Yucatán engalana el Día del Artesano en Maní
En entrevista, relató que lleva más de 40 años dedicada a la elaboración de hipiles y ternos de la mestiza yucateca. Estas piezas son hechas a mano mediante la técnica ancestral de bordado con punto de cruz, o Xokbil Chuuy. Este estilo permite plasmar figuras como flores, hojas, aves, venados y otros elementos representativos de la región del Mayab.
La artesana explicó que se trata de un trabajo sumamente laborioso. La confección completa de un terno hecho a mano puede tardar hasta un año, dedicando entre cuatro y cinco horas diarias. También señaló que existen versiones elaboradas con máquina de coser, cuya realización toma alrededor de cuatro meses.
Noticia Destacada
Presentan en Mérida el libro “El Bordado Maya de Yucatán: Patrimonio Vivo” para salvaguardar la tradición textil
Detalló que el terno es el vestido tradicional que utilizan las mestizas en fiestas y vaquerías; es una prenda de lujo que puede alcanzar un precio de hasta 25 mil pesos, dependiendo de la calidad de la tela y el nivel de detalle en su acabado.
Por su parte, los hipiles son prendas de uso cotidiano para las mujeres yucatecas. Se utilizan para actividades diarias como salir de compras, sin perder su belleza, elegancia y, sobre todo, su profundo sentido de identidad cultural.
Cada sábado por la mañana, Juanita se instala en una banca del parque principal de Kinchil, donde exhibe y ofrece sus creaciones de vivos colores y finos acabados.