Yucatán

Sequía y calor elevan riesgo de incendios forestales en Yucatán; más de 400 hectáreas ya han sido afectadas

La mayoría de los incendios registrados en Yucatán tienen relación con actividades humanas.

Una temporada de fuego sin precedente en intensidad ha consumido 415 hectáreas en lo que va del año
Una temporada de fuego sin precedente en intensidad ha consumido 415 hectáreas en lo que va del año / Especial

Cuando el sol de mayo pega de lleno sobre la selva yucateca y los vientos del norte se apagan para dar paso al calor sofocante de la primavera, el monte se convierte en una mecha encendida. Cualquier chispa ‒una colilla de cigarro arrojada desde una ventanilla, una fogata mal apagada, una quema agrícola que perdió el control– puede desencadenar en minutos lo que los brigadistas tardarán horas, o incluso días, en sofocar. Esa es la realidad que Yucatán vive cada año entre marzo y mayo, y la temporada 2026 no ha sido la excepción.

De acuerdo con el más reciente reporte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), del 1 de enero al 7 de mayo de 2026, la Península de Yucatán en su conjunto acumuló 73 incendios forestales. De ese total, Yucatán registró seis siniestros propios, una cifra que, aunque modesta frente a otras entidades del país, esconde una realidad preocupante: los incendios que sí ocurren en el estado son cada vez más difíciles de controlar.

Los datos oficiales del Reporte Semanal Nacional de Incendios Forestales revelan el alcance del daño: entre enero y el 7 de mayo, esos seis incendios consumieron 414.82 hectáreas, lo que equivale a un promedio de 69.14 hectáreas por siniestro. Para entender la magnitud, basta con imaginar casi 70 campos de futbol profesional convertidos en ceniza con cada incendio. La cifra más alarmante llegó durante la semana del 1 al 7 de mayo, cuando un solo evento devoró 215.33 hectáreas, colocando momentáneamente a Yucatán entre las entidades con mayor afectación semanal del país.

Menos incendios, pero más voraces

El comportamiento de los siniestros en 2026 confirma una tendencia que los especialistas llevan años advirtiendo: la frecuencia puede bajar, pero la intensidad se dispara. Comparado con el cierre de la temporada 2025, cuando Yucatán registró 22 incendios y 1,324.16 hectáreas dañadas con un promedio de 60.19 hectáreas por siniestro, este año el número de eventos es menor, pero el promedio de destrucción por incendio ya supera al del año anterior.

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Entre los incendios más devastadores de 2025 figuraron los ocurridos en Yaxkukul, con 480.05 hectáreas quemadas de selva baja, y el de Umán, con 264.29 hectáreas de selva mediana arrasadas. Para atender los 13 siniestros de aquel año se requirió el apoyo de 805 combatientes del fuego.

El escenario detrás de esta mayor intensidad tiene una explicación climática concreta. La combinación de temperaturas que superan los 40 grados centígrados, la baja humedad y la abundancia de vegetación seca crea el escenario perfecto para la propagación del fuego. A ello se suma el llamado “domo de calor”, cuya presencia junto con el aire seco en la región ha contribuido a mantener condiciones favorables para la rápida expansión del fuego en áreas forestales y selvas bajas.

El factor humano: la causa más evitable

A diferencia de lo que ocurre en otras regiones del mundo, donde los rayos y fenómenos naturales originan buena parte de los incendios, en Yucatán el fuego tiene apellido humano. El subsecretario de Siniestros y Rescates de la Secretaría de Seguridad Pública, Santiago Massa Ramos, señaló que la mayoría de los incendios forestales en el estado tienen origen en la actividad humana, y que los provocados por fenómenos naturales como rayos son prácticamente inexistentes en la entidad. Las principales causas están relacionadas con actividades agrícolas, la quema de basura, prácticas ganaderas y acumulación de desechos en carreteras.

Las quemas agrícolas fuera de control representan el riesgo más recurrente. El calendario oficial de quemas 2026 comprende del 1 de marzo al 31 de mayo y está dividido en cuatro zonas con fechas específicas: la zona 1 abarca 30 municipios del sur-oriente con quemas del 1 de marzo al 15 de abril; la zona 2 integra 51 municipios de la zona centro-norte con periodo del 20 de abril al 31 de mayo; la zona 3 contempla 13 municipios del sur del 10 de marzo al 3 de abril. Cuando este calendario no se respeta, el caos se instala.

El funcionario explicó que cuando el calendario de quemas no se respeta, los incendios pueden salirse de control en distintas zonas del estado simultáneamente, lo que complica su atención y desborda la capacidad de respuesta de las brigadas. Por ello, el llamado a los productores es claro: realizar quemas en horarios adecuados, avisar a los vecinos, contar con suficiente personal y agua, y aplicar medidas preventivas antes de encender el primer fósforo.

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El contexto nacional: Yucatán no está solo

El problema de los incendios forestales en México en el 2026 tiene dimensiones que deben ponerse en perspectiva. Según la Conafor, del 1 de enero al 7 de mayo de 2026 se registraron 3,730 incendios forestales en el país, con una afectación superior a 213,000 hectáreas. Los estados más golpeados por superficie son Guerrero, Jalisco, Oaxaca, San Luis Potosí, Zacatecas, Campeche, Chiapas, Michoacán, Guanajuato y Durango, que concentran el 79 por ciento del total nacional. En ese sombrío mapa nacional, Yucatán se mantiene en una posición relativamente favorable, pero la guardia no baja.

En apenas dos semanas del mes de mayo, los incendios activos en todo el país pasaron de 13 a 51, impulsados por la onda de calor y la circulación anticiclónica que reforzó el incremento de temperaturas en gran parte del territorio mexicano. Esa aceleración del fenómeno en el ámbito nacional es la señal de alerta que las autoridades yucatecas toman como advertencia.

La respuesta del estado: tecnología y brigadas en el campo

Frente a este panorama, el Gobierno de Yucatán no esperó a que los primeros humos del año aparecieran en el horizonte para actuar. El gobernador Joaquín Díaz Mena encabezó la instalación del Comité Estatal del Programa de Prevención y Combate de Incendios Agrícolas y Forestales 2026, con el objetivo de fortalecer la coordinación interinstitucional, el monitoreo y la capacitación de brigadas ante la temporada de quemas.

Los recursos desplegados son considerables: 285 combatientes distribuidos en 16 estaciones operativas, 28 pipas especializadas para el transporte de agua, un helicóptero equipado con sistema bambi bucket para ataques aéreos y drones de detección avanzada que permiten ubicar focos de calor antes de que se conviertan en emergencias. La tecnología, en este caso, no es un lujo sino una herramienta crítica de respuesta temprana.

Los tiempos de reacción registrados en el 2026 también reflejan la seriedad con que se asume el reto: 2 horas y 7 minutos en promedio para detectar un incendio, y 4 horas y 26 minutos para que las brigadas lleguen al lugar. Sin embargo, con un promedio de combate de 27 horas con 10 minutos, queda claro que, una vez declarado el incendio, la batalla es larga y exigente.

Lo que cada yucateco puede hacer

La estrategia oficial, por más sofisticada que sea, tiene un límite: no puede llegar a tiempo a todos lados si la ciudadanía no es parte de la solución. Ante cualquier avistamiento de columna de humo o conato de incendio, las autoridades piden llamar de inmediato al 911. La ubicación precisa del punto, la magnitud visible y la dirección del viento son datos que pueden marcar la diferencia entre una intervención exitosa y una emergencia fuera de control.

Las medidas preventivas son simples pero efectivas: no quemar basura al aire libre, evitar fogatas en zonas naturales, no arrojar colillas encendidas desde vehículos, respetar los calendarios oficiales de quema y mantener limpias las áreas con maleza seca alrededor de viviendas rurales. Municipios como Tixkokob, Maxcanú y Yaxkukul se mantienen bajo vigilancia especial tras haber sufrido daños significativos el año pasado.

La temporada más crítica del año está llegando a su fin formal en mayo, pero los efectos del calor y la sequedad residual pueden prolongar el riesgo. En Yucatán, el fuego no descansa por decreto. Y la única respuesta que funciona es la que combina tecnología, organización institucional y la responsabilidad cotidiana de cada habitante del monte y de la ciudad.