Yucatán

“Eso no es un accidente, es un delito”: Fuego arrasa colmenas en Huhí y enciende alarma por presuntos ataques al campo yucateco

Apicultores de Huhí acusan sabotaje debido a un un patrón de quema intencional que busca desestabilizar la propiedad ejidal.

Llamas consumen apiarios en Huhí y apicultores hablan de sabotaje
Llamas consumen apiarios en Huhí y apicultores hablan de sabotaje / Iván May

El silencio matutino en las selvas bajas del Centro del estado de Yucatán se rompió por el crepitar siniestro de las llamas que, supuestamente de forma dirigida y malintencionada, están diezmando la apicultura en esta villa. Lo que inicialmente se reportó como un conato de incendio en las inmediaciones del ejido local, ha escalado hasta convertirse en una tragedia económica y ecológica de proporciones alarmantes.

Hace apenas unos meses, el sector respiraba con cierto alivio, cuando entonces un fuego lamió los límites de los terrenos productivos. El reporte más reciente confirmó la pérdida total de 10 colmenas en el apiario del productor don Fernando Chel, un golpe que no sólo se mide en la desaparición de las cajas de madera, sino en la aniquilación de ciclos biológicos que tardan años en consolidarse.

Este incidente se suma a una estadística preocupante en la región: según datos de la Secretaría de Desarrollo Rural, el Centro de Yucatán ha experimentado un incremento del 15 por ciento en siniestros relacionados con apiarios durante el último ciclo, muchos de los cuales muestran indicios de ser provocados.

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Apenas el domingo pasado, el ánimo en las reuniones ejidales era de cautelosa esperanza. Los productores discutían el clima y el avance de la cosecha, proyectando una recuperación tras años de precios bajos que han mantenido el kilo de miel entre los 25 y 30 pesos en el mercado local, una cifra que apenas cubre los costos de mantenimiento y suplementación alimenticia durante la temporada de escasez.

Fernando Chel era conocido entre sus pares por su optimismo inquebrantable. “Ver hoy las cenizas donde antes había vida es un dolor que no se puede explicar; no sólo se quemaron cajas, también trabajo, tiempo, vida y esperanza”.

La problemática trasciende el accidente fortuito. Las investigaciones preliminares y los testimonios de los afectados apuntan a un patrón de quema intencional que busca desestabilizar la propiedad ejidal o encubrir otros ilícitos como el robo de colmenas pobladas.

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“Lo que no se puede normalizar es la quema intencional y el daño a quienes trabajan la tierra. Eso no es un accidente, es un delito y debe tratarse como tal”, enfatizó Chel, haciendo un llamado a las autoridades estatales y a la Fiscalía General del Estado para que dejen de ver estos sucesos como meros incidentes de maleza.

Para Fernando Chel, el daño supera los 40 mil pesos en activos directos, una cifra astronómica para quien depende de los ciclos de la naturaleza.

A pesar de la desolación, el espíritu del apicultor yucateco se mantiene firme. Los compañeros de Adalberto Us y otros miembros del ejido han comenzado a organizarse para formar brigadas de vigilancia y para apoyar a Chel en la reconstrucción de su medio de vida.

Sin embargo, la comunidad exige justicia, vigilancia efectiva en los caminos blancos que conducen a los apiarios y un castigo ejemplar para quienes pretenden arrebatarles el sustento y el futuro a las familias de Huhí.