Yucatán

Yucatán enfrenta el colapso del pepino de mar y el caracol blanco pese a vedas de hasta 30 años

La creciente demanda en Asia y el tráfico ilegal mantienen la presión sobre ambas especies.

Ni 30 años de vedas salvan al pepino de mar y al caracol blanco en Yucatán
Ni 30 años de vedas salvan al pepino de mar y al caracol blanco en Yucatán / Especial

En algo más de una década, el litoral yucateco pasó de ver decomisos de cientos de toneladas de pepino de mar rumbo a canales de contrabando, a que un aseguramiento de 250 kilogramos sea noticia nacional. La diferencia no es que la vigilancia haya cambiado radicalmente: es que ya casi no queda pepino de mar que sacar del fondo marino.

El pasado 26 de junio, personal de la Secretaría de Marina interceptó frente a Dzilam de Bravo una embarcación sin matrícula con tres tripulantes, 250 kilogramos de pepino de mar, pulpo y boquinete en veda, equipo de buceo y una bolsa con hierba similar a la marihuana.

El caso resume, casi en miniatura, el diagnóstico que expuso la secretaria de Pesca y Acuacultura Sustentables de Yucatán (Sepasy), Lila Frías Castillo: el pepino de mar y el caracol blanco siguen siendo las especies más vulnerables a la pesca furtiva en el estado, precisamente porque ambas permanecen bajo veda permanente.

Especies en problemas

El pepino de mar (Isostichopus badionotus, entre otras especies del género) no siempre estuvo prohibido. Su captura se disparó cuando pescadores yucatecos descubrieron que compradores chinos pagaban sumas extraordinarias por el invertebrado, usado como manjar y en medicina tradicional en mercados asiáticos.

La sobreexplotación fue tan agresiva que los bancos naturales llegaron a reducirse hasta 90% en algunas zonas, lo que llevó al gobierno federal a decretar la veda permanente en 2012. Más de una década después, la especie no se ha recuperado lo suficiente para reabrir la pesquería: la propia Sepasy ha descartado en fechas recientes cualquier posibilidad de reactivación, incluso después de que investigadores documentaran ejemplares vivos en el Refugio Pesquero de Celestún.

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El caracol blanco tiene una historia más larga: está en veda desde 1994, cuando la entonces Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca declaró la prohibición total e indefinida para esta y otras especies de caracol en Yucatán. La captura fue además restringida internacionalmente desde 1990, cuando se incorporó a los listados de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES). En el estado, extraerlo puede derivar en penas de entre uno y nueve años de prisión.

Ambas vedas comparten una misma lógica: proteger poblaciones que ya colapsaron y que, treinta años después en el caso del caracol, y trece en el del pepino, aún no muestran señales suficientes de recuperación.

Los focos rojos del litoral

Frías Castillo señaló que la vigilancia cubre todo el litoral yucateco, pero que Celestún, Dzilam de Bravo y algunos puntos de Progreso concentran la mayor incidencia de actividad ilegal. Los operativos se coordinan entre la Sepasy, la Secretaría de Marina y la Conapesca, con el objetivo declarado de combatir la extracción clandestina de especies protegidas.

Los registros de decomisos recientes confirman ese mapa. Además del caso de junio en Dzilam de Bravo, la Conapesca reportó en años anteriores el aseguramiento de 84 kilogramos de pepino de mar fresco –unos 250 organismos– en la misma zona productora, y en septiembre del 2025 tres personas fueron vinculadas a proceso también en Dzilam de Bravo por posesión de 171 kilogramos de la especie en veda. En el caso del caracol, la Secretaría de Marina aseguró en el 2025 un cargamento de 132 kilogramos de caracol rosado oculto en un doble fondo dentro del Parque Nacional Arrecife Alacranes.

La pesca hormiga

El patrón de los decomisos recientes -decenas o cientos de kilogramos, no toneladas- no es casualidad ni únicamente resultado de mayor vigilancia. Según análisis basados en reportes de Conapesca, Profepa y la Secretaría de Seguridad Pública, los aseguramientos de pepino de mar en Yucatán oscilan hoy entre 20 y 250 kilogramos por operativo, lejos de las toneladas que se interceptaban hace una década.

Especialistas atribuyen esa reducción a un cambio de estrategia de los grupos furtivos hacia la llamada “pesca hormiga”, motivado tanto por el endurecimiento de la vigilancia como por un hecho más preocupante: la biomasa de la especie en el subsuelo marino yucateco está severamente mermada.

Esa lectura coincide con hallazgos de investigaciones académicas sobre el vínculo entre el pepino de mar y el crimen organizado en México, que documentan prácticas como identificación falsa, etiquetado incorrecto y facturación fraudulenta para lavar capturas ilícitas y colocarlas en rutas de exportación hacia intermediarios chinos.

Entre el 2011 y el 2021, autoridades y estudios internacionales documentaron la intercepción de más de 100 toneladas de pepino de mar mexicano en rutas de contrabando, la mayoría proveniente de la Península de Yucatán.

Problema más allá de lo biológico

Más allá de su valor comercial, el pepino de mar cumple una función ecológica difícil de sustituir: se alimenta de materia orgánica del fondo marino y actúa como reciclador de sedimento, un proceso que ayuda a mantener el equilibrio de arrecifes y comunidades marinas cercanas. Su desaparición, advierten pescadores y biólogos, deja fondos marinos más lodosos y menos saludables.

El impacto económico tampoco es menor. Yucatán concentra, según cifras oficiales citadas en investigaciones sobre el tema, más de 16 mil pescadores registrados y cerca de 4 mil embarcaciones activas. Frías Castillo insistió en que la sobreexplotación de especies ha sido uno de los principales desafíos del litoral yucateco durante la última década, y que el objetivo de los operativos es garantizar el aprovechamiento sustentable de los recursos pesqueros para el sector que sí respeta las vedas.

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La funcionaria también señaló que, además del pepino de mar y el caracol blanco, las autoridades han detectado captura y transporte ilegal de pulpo y langosta durante sus periodos estacionales de veda, cuando su aprovechamiento está prohibido por la legislación pesquera. A diferencia de las dos primeras especies, estas cuentan con temporadas de captura autorizada, lo que en la práctica facilita el uso de permisos legítimos para encubrir producto capturado fuera de fecha.

Problema estructural

Frías Castillo sostuvo que la pesca ilegal es realizada por un grupo reducido de personas y que la mayoría de los pescadores yucatecos respeta las vedas y colabora con las autoridades denunciando actividades ilícitas. El Gobierno del Estado, dijo, mantendrá el reforzamiento de los operativos en la costa para detectar la extracción clandestina, detener a los responsables y ponerlos a disposición de las autoridades competentes.

Sin embargo, el patrón que muestran los datos –vedas de 13 y 30 años que no logran revertir el colapso de las poblaciones, decomisos que se repiten en los mismos tres puntos del litoral y una demanda internacional que no cede– sugiere que la vigilancia por sí sola difícilmente resolverá un problema que combina biología marina, economía pesquera y mercados ilícitos transnacionales.

Mientras el pepino de mar y el caracol blanco siguen bajo presión sobre una biomasa cada vez más escasa, los operativos de Marina, Conapesca y Sepasy seguirán deteniendo embarcaciones con kilos, no toneladas, de un recurso que Yucatán llevará años, si acaso, en recuperar.