Yucatán

Yucatán tiene más dinero en la economía informal, pero menos personas trabajando, revela el Inegi

El Inegi reportó que el valor agregado bruto de la economía informal aumentó 1.1% en Yucatán, mientras los puestos remunerados disminuyeron 1.5% durante el primer trimestre de 2026.

Yucatán genera más en la informalidad, pero paga menos que el promedio nacional
Yucatán genera más en la informalidad, pero paga menos que el promedio nacional / Por Esto!

La informalidad en Yucatán encontró en los primeros tres meses del 2026 una fórmula incómoda: generó más dinero, pero con menos gente cobrando por su trabajo. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) documentó que el valor agregado bruto de la economía informal estatal creció 1.1% frente al mismo periodo de 2025, mientras los puestos de trabajo remunerados dentro de ese mismo sector cayeron 1.5 por ciento.

La cifra no es un dato aislado ni casual. Forma parte de las Mediciones de la Economía Informal Trimestral por Entidad Federativa (Meitef), el instrumento con el que el Inegi rastrea, trimestre a trimestre, cuánto produce y cuánto paga la parte de la economía que opera al margen del registro fiscal y la seguridad social. Y lo que arrojó para Yucatán en el arranque de este año fue, en el fondo, una advertencia: crecer no siempre significa emplear.

Basta contrastar el comportamiento estatal con el nacional para dimensionar el problema. En todo el país, la economía informal avanzó 2% en el mismo trimestre –casi el doble que en Yucatán‒ y, a diferencia de lo ocurrido en la entidad, los puestos remunerados sí aumentaron, aunque de forma modesta: 0.4 por ciento. Es decir, mientras México en su conjunto logró que la informalidad generara algunas plazas adicionales, Yucatán vio reducirse las suyas en plena expansión del valor producido.

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La brecha se repite, y se agranda, en las remuneraciones. El dinero destinado a pagar a quienes trabajan en la informalidad yucateca subió apenas 1.2%, contra 5.3% del promedio nacional. Ese diferencial coloca al estado entre las entidades con menor dinamismo salarial dentro de este segmento de la economía, aunque conviene una precisión técnica: el Inegi reporta las remuneraciones a precios corrientes, sin descontar inflación, así que la cifra no permite concluir de manera directa que el poder adquisitivo haya caído. Lo que sí confirma, sin matices, es que el ritmo al que crece ese ingreso en Yucatán se quedó muy por debajo del resto del país.

Dos panoramas, dos comportamientos

Detrás del dato general hay una distinción que ayuda a entender mejor lo ocurrido. El Inegi separa la informalidad en dos bloques. Por un lado está el sector informal propiamente dicho: changarros, puestos de mercado, talleres familiares y negocios que nunca se constituyeron legalmente. Por otro, existen las llamadas “otras modalidades de la informalidad”, integradas por personas que sí trabajan dentro de empresas o negocios formales, pero sin contrato, prestaciones ni seguridad social.

En Yucatán, el primer grupo mostró más fortaleza: su valor agregado subió 3.3% y las remuneraciones crecieron 5.4 por ciento. Aun así, incluso ahí los puestos remunerados retrocedieron 1.3 por ciento. El segundo bloque tuvo un desempeño claramente más débil: el valor generado cayó 2.3%, los puestos remunerados bajaron 1.6% y las remuneraciones se contrajeron 1.9 por ciento.

La lectura es clara: los pequeños negocios y changarros aguantaron mejor el primer trimestre del año que las personas que, trabajando para empresas formales, quedaron fuera de cualquier esquema de protección laboral.

La Península, en tres velocidades

El panorama regional confirma que ningún estado de la Península salió bien librado en materia de empleo informal. Yucatán perdió 1.5% de sus puestos remunerados en este segmento; Quintana Roo, 2%, y Campeche, 8.6 por ciento, el desplome más severo de los tres. En actividad económica las diferencias son todavía más marcadas: Yucatán logró crecer 1.1%, Quintana Roo retrocedió 1.4% y Campeche se hundió 10.1%, la mayor caída del país en ese indicador.

Frente a sus vecinos, Yucatán aparece en mejor posición relativa. Pero el matiz importa: la entidad no fue inmune al fenómeno, solo lo padeció con menor intensidad. Y no es la primera vez que el estado destaca en este renglón. A lo largo de 2025, Yucatán encabezó de forma consistente el crecimiento del valor agregado informal en la Península, con incrementos de 2.3% en el primer trimestre, 3.6% en el segundo y 0.9% en el tercero, manteniéndose como líder peninsular en ese indicador incluso cuando Campeche y Quintana Roo registraban caídas de doble dígito.

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El comercio informal concentra la mayor parte de ese valor: representa más de cuatro de cada diez pesos generados por la informalidad yucateca, muy por encima de otras actividades como transporte, construcción o servicios educativos.

Un fenómeno con dos caras

La informalidad no es un asunto exclusivamente estadístico. Para miles de familias yucatecas representa la única alternativa de ingreso cuando el empleo formal escasea, exige requisitos inalcanzables o simplemente no existe en su localidad. Al mismo tiempo, quien trabaja en la informalidad carga con menor protección: sin seguridad social, sin prestaciones, sin respaldo frente a una enfermedad, una caída en las ventas o la pérdida abrupta del sustento.

Por eso el crecimiento de esta economía no equivale, de manera automática, a una buena noticia. Puede reflejar mayor consumo y capacidad de subsistencia de pequeños negocios, pero si ese avance llega acompañado de menos plazas pagadas y salarios que crecen a paso lento, el beneficio no se reparte con la misma fuerza entre quienes dependen de esas actividades para vivir.

El primer trimestre de 2026 deja, entonces, una pregunta abierta para Yucatán: si lo ocurrido fue un tropiezo pasajero o el inicio de una tendencia donde la economía informal seguirá creciendo en valor, pero cada vez con menos oportunidades de trabajo remunerado para sostener a quienes la hacen posible. La siguiente medición del Inegi, correspondiente al segundo trimestre del año, será la primera señal para saber hacia dónde se inclina la balanza.