La muerte de dos personas y otra lesionada de gravedad durante una jornada de carreras clandestinas realizada en la carretera Mérida–Progreso reavivaron el debate sobre la falta de vigilancia y prevención en las vialidades de Yucatán.
El especialista en seguridad vial, René Flores Ayora, sostuvo que la tragedia pudo evitarse, y advirtió que este tipo de prácticas ilegales –coloquialmente llamadas arrancones– llevaban tiempo desarrollándose sin controles efectivos. Por ello, llamó a una mayor coordinación entre autoridades federales y estatales para frenar los hechos de alto riesgo en las carreteras.
“Era una tragedia cantada. Algún día iba a llegar y, desafortunadamente, fue antes de tiempo”, señaló Flores Ayora, quien acumula más de una década monitoreando los índices de siniestralidad en el estado.
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Explicó que en este tipo de accidentes la física resulta determinante: a 150 kilómetros por hora, la energía que absorbe un vehículo al impactar contra un objeto fijo equivale a la de una caída libre desde un edificio de 92 metros; a 250 km/h, esa cifra escala a 250 m de altura.
“Estos vehículos no están diseñados para carreras de aceleración y desaceleración en tiempos mínimos”, apuntó, y contrastó los autos siniestrados con los de competencia profesional, equipados con múltiples arneses y estructuras capaces de soportar las fuerzas G –aceleración que experimenta un cuerpo en relación con la gravedad terrestre– que se generan en ese tipo de maniobras.
Flores Ayora hizo también un llamado directo a los padres de familia. Advirtió que obsequiar vehículos de alto rendimiento a jóvenes, sin supervisión ni comunicación familiar, representa un factor de riesgo que puede costar vidas. “Tal vez esos muchachos no se despidieron de sus padres”, lamentó.
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En cuanto a la participación ciudadana, el especialista instó a denunciar al 911 cualquier evento irregular detectado en carretera. “Tenemos el deber civil de reportar estas anomalías”, puntualizó.
En materia de cifras, el panorama estatal es preocupante. Del 1 de enero al 15 de mayo de este año, 94 personas han perdido la vida en calles, avenidas y carreteras de la entidad, aunque Flores Ayora advirtió que el número real podría superar los 120, ya que varios heridos graves fallecen días o semanas después del siniestro sin que sus decesos sean contabilizados en las estadísticas de tránsito.
El experto detalló que de ese total de decesos, 45 cinco corresponden a motociclistas –categoría que encabeza los registros desde hace más de una década–, 13 a peatones, 13 más son ciclistas, 11 son conductores y 12, acompañantes que viajaban en la caja de camionetas, práctica que el experto calificó como de alto riesgo.