En México, más del 90 por ciento de los embarazos de bajo riesgo podrían ser atendidos por parteras; sin embargo, el modelo médico tradicional predomina limitando el desarrollo de una alternativa que especialistas consideran más humana e integral.
Así lo señaló en entrevista con POR ESTO! María Guadalupe Hernández Ramírez, partera profesional y enfermera especialista perinatal egresada de la UNAM, quien advirtió que, pese a avances legales, la partería enfrenta barreras estructurales que impiden su consolidación dentro del sistema de salud.
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Explicó que la partería es una disciplina con fundamentos claros, basada en colocar a la mujer al centro de las decisiones, respetar su autonomía y acompañar el embarazo, parto y posparto como procesos fisiológicos, no como enfermedades.
“Lo que hacemos es que las mujeres vuelvan a confiar en su cuerpo”, afirmó.
Del aspecto biológico a la dimensión espiritual
A diferencia del modelo hospitalario, la atención que brindan las parteras es continua, personalizada e integral; no se limita al aspecto biológico: incorpora dimensiones emocionales, sociales, culturales e incluso espirituales.
Este enfoque, además, promueve la no intervención en partos de bajo riesgo y fortalece la toma de decisiones informadas.
No obstante, Hernández Ramírez subrayó que, aunque la partería ha sido incluida en la Ley General de Salud y cuenta con una norma oficial, los espacios para ejercer con autonomía siguen siendo reducidos. Incluso, advirtió que en algunas instituciones existen parteras subordinadas a otros profesionales, sin independencia real.
Formación especializada
Uno de los principales problemas, dijo, es la falta de claridad sobre quién puede ejercer esta práctica. “No cualquier enfermera es partera”, enfatizó, al señalar que se requiere formación especializada con estándares internacionales, cuya ausencia de regulación adecuada pone en riesgo tanto la profesión como la calidad de la atención.
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A esto se suman retos institucionales y culturales, como la falta de presupuesto y el desconocimiento social sobre el alcance de su labor.
Pese a su potencial, el sistema de salud continúa privilegiando un enfoque médico que, en muchos casos, desplaza esta alternativa.
En contraste, destacó que la partería recupera saberes tradicionales, como el uso del rebozo y técnicas no farmacológicas para el manejo del dolor , integrándolos con respaldo científico y una visión comunitaria del cuidado.
Reconoció, además, el papel fundamental de las parteras tradicionales, de quienes han aprendido prácticas que hoy forman parte de su ejercicio profesional.
Buscan reconocimiento
Para fortalecer su papel, la especialista planteó la necesidad de un reconocimiento real, más allá del discurso, que incluya políticas públicas, contratación formal dentro del sistema de salud, certificación profesional, difusión de su alcance y asignación de presupuesto. “No podemos depender de la voluntad política, necesitamos estructura”, sostuvo.
Advirtió que en un país donde el parto aún puede estar marcado por violencia obstétrica o falta de información, la partería representa una alternativa que no sólo cuida, sino que transforma la experiencia de nacimiento. “Acompañar un parto es también defender el derecho de las mujeres a decidir cómo quieren vivirlo”, concluyó.