Cada 12 horas con 42 minutos, en promedio, una persona llega a una unidad médica de Yucatán con una herida de bala. Es el ritmo del 2026: 416 casos entre el 1 de enero y el 8 de agosto, de acuerdo con el reporte epidemiológico de la Secretaría de Salud (SSA) federal.
En el mismo periodo, Yucatán acumula 17 homicidios dolosos, apenas 0.1% del total nacional, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (Sesnsp). Son dos retratos del mismo estado, y ninguno miente.
Un piso más alto
En el 2024, el sistema de vigilancia epidemiológica contabilizó 589 personas lesionadas por arma de fuego en Yucatán. En el 2025 fueron 738: 149 más, un aumento de 25.3%. Dicho de otro modo, el estado pasó de 1.61 heridos por día a 2.02, de acuerdo con un cálculo propio sobre los totales anuales.
El ritmo del 2026 es de 1.89 diarios: cerca de 6% por debajo del de 2025, pero alrededor de 17% por encima del de 2024. Con 416 casos al corte del 8 de agosto, el estado ya acumula 56% de todo lo registrado el año pasado completo. No parece un repunte; más bien una meseta, y en un nivel más alto que el de hace dos años.
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Para dimensionarlo: en promedio, el estado registra unos 13 heridos por semana y 57 por mes. Mayo superó ese promedio mensual en casi 50%, y la semana 18 lo rebasó casi al doble. Son picos que no se explican con el dato disponible, pero exigen preguntar qué ocurrió ese mes: si hubo riñas, hechos aislados con varios lesionados o un aumento sostenido de agresiones.
Mayo, la semana de los 24
Mayo fue el mes más pesado del año, con 85 casos. En la semana epidemiológica 18 se llegó a 24 heridos, 19 hombres y cinco mujeres, el doble de los 12 que se contaron en la misma semana del 2025. La semana más baja, en enero, cerró con tres.
El perfil es claro: de los 416 lesionados, 331 son hombres y 85 mujeres. Ocho de cada diez víctimas son varones, un patrón que se repite en el resto del país, pero que en Yucatán aparece sin el contexto de violencia homicida que lo suele acompañar.
En el comparativo nacional de la SSA, Yucatán ha pasado del séptimo al octavo y, en el corte más reciente, al undécimo lugar entre las entidades con menos lesionados por arma de fuego. En agosto era el undécimo en hombres y el décimo en mujeres. Sigue por debajo de la mayoría, pero ya no tan arriba en la lista de los más tranquilos. El ranking se mueve cada semana y depende de cómo crezcan los demás estados, pero la dirección es la misma en los tres cortes revisados: Yucatán baja de posición, no sube.
La península ayuda a ubicar la escala. Entre Yucatán, Campeche y Quintana Roo se suman 1,348 heridos en lo que va del 2026, y Yucatán pesa cerca de 31% del total. A la semana 41 del 2025 la proporción era de 25.2%: 619 de 2,455 casos peninsulares. Quintana Roo cerró ese año con 1,492. Los cortes no coinciden, así que la comparación sirve sólo como indicio, no como conclusión.
Hay otro dato que el promedio disimula: la lesión por bala no es un fenómeno de unas cuantas semanas. Incluso la semana más baja del año, en enero, sumó tres casos. Más que el pico de mayo, lo que define el panorama es la constancia: un goteo semanal que no depende de un solo hecho violento ni de una sola temporada.
Muchos lesionados, pocos muertos
La diferencia con los homicidios es notable. Mientras Yucatán registra 17 dolosos en ocho meses, con un promedio diario 15% menor que el año pasado, Quintana Roo reporta 87 y Campeche 71. Hospitales y fiscalías miden fenómenos distintos y por eso las cifras no son comparables de manera directa: un herido no es un homicidio frustrado, ni un homicidio es un herido que no sobrevivió.
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El registro de la SSA tampoco distingue entre agresión, accidente o cacería, ni informa el municipio donde ocurrió la lesión. Sin ese desglose, cada número puede esconder una riña, un descuido o un ataque armado.
Los hechos que sí tienen rostro lo recuerdan: el 5 de enero, en Dzilam González, un ataque dejó tres muertos, entre ellos un menor, y al menos dos heridos de gravedad. El 2 de octubre, en Montes de Amé, otro ataque, según reportes preliminares, movilizó a un operativo de la Secretaría de Seguridad Pública.
Si se pone el número crudo al lado, la brecha salta: 416 heridos frente a 17 homicidios dolosos, es decir, unos 24 lesionados por cada homicidio registrado. La cifra no mide la letalidad de las agresiones, porque se trata de fuentes con criterios distintos, pero sí obliga a una pregunta incómoda para cualquier política de seguridad: si la mayoría de los disparos no termina en muerte, ¿se está midiendo con la misma atención lo que sucede antes del desenlace?
Las autoridades estatales cuentan con información que el público no ve: el motivo de cada lesión, el municipio, la edad de las víctimas y si hubo detenidos. Publicarla permitiría saber si se trata de violencia entre particulares, de accidentes con armas de uso doméstico o de actividades como la cacería. Hoy esa información no está al alcance de quien quiera entender el número.
Lo que hay que leer con cuidado
La serie es corta. A partir del 2025 la tabla de la SSA separa las lesiones por arma de fuego y excluye las producidas por objetos punzocortantes, por lo que conviene tomar con reserva la comparación con el 2024. Además, todas las cifras de este texto corresponden al corte del 8 de agosto; los boletines semanales posteriores pueden modificarlas.
Por homicidios, Yucatán sigue entre los estados menos violentos del país. Lo que queda pendiente es otra pregunta: por qué llegan más personas a los hospitales con una bala en el cuerpo que cuando la SSA empezó a contarlas, y qué hay detrás de cada disparo. Mientras no haya respuesta, el “estado más seguro” tendrá que explicar también a sus heridos.