La producción de ciruela chiabal enfrenta una temporada crítica este 2026. Contrario a años anteriores, cuando la cosecha se extendía hasta finales de mayo, factores climáticos han provocado un final acelerado para esta fruta de temporada, reduciendo significativamente su disponibilidad en los mercados locales.
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Productores y habitantes señalan que las fuertes lluvias registradas el primer fin de semana de abril, específicamente el sábado 4 y domingo 5, fueron el factor determinante. Estas precipitaciones, que llegaron tras un periodo de intensa sequía iniciada en febrero, alteraron el ciclo biológico de los árboles, provocando una maduración prematura de los frutos, una floración acelerada y un reverdecimiento inusual del follaje, lo cual marcó el cierre abrupto de la recolección.
Mario May y Elayne Medina, residentes de la colonia San Isidro, coincidieron en que la producción de este año ha sido deficiente. En otros años, la cosecha era constante y prolongada; ahora, parece que apenas llegará a la primera semana de mayo, explicaron, señalando que el cambio climático y la irregularidad en los periodos de lluvia han mermado la calidad y cantidad del fruto.
Esta problemática no se limita únicamente a la variedad chiabal; productores también han reportado una baja considerable en la ciruela tipo tuzpana. Los árboles, que presentan una cantidad de fruto mucho menor a la habitual, evidencian un estrés hídrico acumulado por la prolongada sequía.
Ante la escasez, vendedoras ambulantes han tenido que ajustar los precios al alza para compensar el desabasto. Aunque la fruta aún se encuentra disponible, la combinación de factores meteorológicos adversos ha convertido a esta temporada en una de las más complicadas para el sector agrícola local en la región de Hopelchén.
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JGH