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"El pogo más grande del mundo"; muere el Indio Solari, la voz eterna de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Carlos Alberto Solari falleció este viernes 5 de junio a la edad de 77 años, dejando un gran legado en el rock argentino y la música latinoamericana.

Argentina despide de manera memorable al Indio Solari.
Argentina despide de manera memorable al Indio Solari. / Foto: @indiosolarioficial

El corazón de la cultura rock en español se ha detenido. Este viernes 5 de junio de 2026, a los 77 años, murió Carlos Alberto Solari, conocido universalmente como el Indio Solari. Con su partida no solo se apaga la voz de un hombre, sino que se despide el mito viviente que lideró Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que transformó el rock argentino en una religión pagana y masiva. El hueco que deja en la música popular latinoamericana es, desde hoy, sencillamente insondable.

Poeta de las sombras, arquitecto del pogo más grande del mundo y timonel de la mística ricotera, el Indio Solari construyó una obra monumental. Tras la mítica y dolorosa separación de Los Redondos, su genialidad no se quedó estática. Supo reinventarse al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y, más recientemente, desafió a su propia vanguardia digital con su última criatura musical, El Míster y los Marsupiales Extintos. A pesar de su hermetismo y de la batalla pública contra su enfermedad, el Parkinson.

¿De qué murió el Indio Solari?

Como bien se conocía, el Indio padecía mal de parkinson desde hace unos años y complicaciones por la misma enfermedad le causaron un ACV hemorrágico, que se traduce a un accidente cerebrovascular o derrame cerebral; se lee en el sitio web argentino de La Nación y que corresponde según a los resultados de la autopsia.

Solari le cantaba a la marginalidad

Para entender qué significa la muerte del Indio Solari, hay que mirar más allá de las cifras y los discos. Hay que asomarse a las millones de almas que encontraron un refugio ético y estético en sus letras crípticas, crudas y profundamente humanas. Solari no cantaba para el mercado; le cantaba a la marginalidad, al amor en tiempos de rabia y a la resistencia cultural. Su figura encarnó como ninguna otra la independencia artística absoluta.

Hoy las banderas se bajan a media asta en los barrios rioplatenses y en cada rincón del continente donde una guitarra rasgue "Juguetes perdidos" o "Ji ji ji". La noticia de la muerte de Carlos Alberto Solari impacta de lleno en el pecho de generaciones enteras que crecieron bajo su profecía musical.

Se fue el hombre, pero el paisaje sonoro de una era queda sellado con su nombre. La liturgia ricotera no termina aquí; se muda al territorio de la memoria eterna, donde las leyendas nunca enmudecen.

Que la tierra te sea leve, artista de los milagros. Que tu viaje sea liviano, Indio.

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