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México

Sismos del 19 de septiembre: cómo México transformó su cultura de Protección Civil desde 1985

Los sismos de 1985 y 2017 marcaron a México y transformaron la Protección Civil. Este 19 de septiembre, el Simulacro Nacional 2026 pondrá a prueba protocolos y capacidad de respuesta.

El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de gran intensidad sacudió principalmente a la Ciudad de México
El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de gran intensidad sacudió principalmente a la Ciudad de México / Archivo

Cada 19 de septiembre, México enfrenta una fecha marcada por la memoria de dos terremotos que dejaron miles de víctimas, daños materiales y una profunda transformación en la manera de prevenir y responder ante emergencias: los sismos de 1985 y 2017.

Más allá de recordar las pérdidas humanas provocadas por ambos acontecimientos, esta fecha representa también la evolución que ha tenido el país en materia de Protección Civil, prevención de riesgos, alertamiento sísmico y protocolos de emergencia.

El terremoto de 1985 expuso las limitaciones de las instituciones para responder ante una catástrofe de grandes dimensiones, pero también mostró la capacidad de organización de la sociedad mexicana.

A partir de aquella experiencia comenzó una transformación institucional que llevó a crear el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) en 1986.

1985: el terremoto que cambió la Protección Civil en México

El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de gran intensidad sacudió principalmente a la Ciudad de México y provocó el colapso de edificios, afectaciones en infraestructura y una emergencia de enormes proporciones.

A las 7:19 horas, Sheinbaum realizó el izamiento de la Bandera a media asta como parte del homenaje a quienes perdieron la vida en los terremotos de 1985 y 2017

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La magnitud de la tragedia evidenció la necesidad de contar con mecanismos permanentes de prevención, coordinación y respuesta. La sociedad civil tuvo un papel fundamental durante las labores de rescate y atención de las personas afectadas.

Como consecuencia de aquella experiencia, México comenzó a construir una estructura institucional enfocada no solamente en atender las emergencias una vez ocurridas, sino también en identificar riesgos y reducir vulnerabilidades.

En 1986 se estableció el Sistema Nacional de Protección Civil y posteriormente, en 1990, fue creado el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), institución que incorporó investigación científica, monitoreo y prevención como parte de la estrategia nacional.

2017: otro terremoto puso a prueba los protocolos

Treinta y dos años después, el 19 de septiembre de 2017, México volvió a vivir un terremoto de gran impacto. La coincidencia de la fecha con el aniversario de 1985 convirtió nuevamente al 19S en un símbolo de la memoria y la prevención.

El sismo afectó particularmente a entidades del centro y sur del país, entre ellas la Ciudad de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Guerrero. Edificios resultaron dañados o colapsaron y nuevamente se movilizaron ciudadanos, cuerpos de emergencia, autoridades y organizaciones para atender la emergencia.

Sin embargo, la respuesta de 2017 ocurrió en un país que ya contaba con sistemas de alertamiento, protocolos de evacuación, brigadas de protección civil y ejercicios preventivos desarrollados durante las décadas posteriores a 1985.

La experiencia también permitió identificar áreas que todavía requerían mejoras, desde la comunicación de las alertas hasta la coordinación entre autoridades, instituciones y población.

De reaccionar ante el desastre a prevenir los riesgos

Uno de los principales cambios registrados desde 1985 es la transición de un modelo concentrado en rescatar y atender víctimas hacia un enfoque de Gestión Integral de Riesgos.

Este concepto busca anticiparse a las emergencias mediante la identificación de amenazas, reducción de vulnerabilidades, preparación de la población y fortalecimiento de la capacidad de respuesta.

La protección civil dejó así de ser únicamente una actividad asociada con los cuerpos de emergencia para convertirse en una responsabilidad compartida entre gobiernos, empresas, instituciones educativas, familias y comunidades.

Los protocolos actuales contemplan aspectos como rutas de evacuación, zonas de menor riesgo, brigadas internas, planes familiares, puntos de reunión y mecanismos de comunicación durante una emergencia.

¿Por qué son importantes los simulacros nacionales?

Los simulacros son una de las herramientas que permiten convertir los protocolos escritos en acciones concretas.

Este sábado 19 de septiembre de 2026, a las 12:00 horas, se realizará el Segundo Simulacro Nacional 2026 en las 32 entidades federativas. La Coordinación Nacional de Protección Civil estableció diferentes hipótesis sísmicas para distintas regiones del país.

Durante el ejercicio se activará el alertamiento sísmico en las entidades que cuentan con cobertura del Sistema de Alerta Sísmica Mexicano. También habrá alertamiento mediante teléfonos celulares compatibles, con un mensaje que identificará expresamente que se trata de un simulacro.

El objetivo no es solamente practicar una evacuación. También permite comprobar si las personas conocen las rutas de salida, identificar obstáculos, evaluar tiempos de respuesta y detectar posibles fallas en los procedimientos establecidos.

La prevención también es responsabilidad ciudadana

La evolución de la Protección Civil mexicana desde 1985 demuestra que la tecnología y las instituciones son fundamentales, pero no sustituyen la preparación de la población.

Participar en un simulacro permite conocer qué hacer antes, durante y después de un sismo. También representa una oportunidad para revisar el plan familiar de emergencia, identificar zonas de menor riesgo y establecer mecanismos de comunicación con familiares.

México no puede evitar que ocurran los terremotos, pero sí puede trabajar para reducir sus consecuencias. Por ello, el 19 de septiembre no representa únicamente una fecha para recordar a quienes perdieron la vida en 1985 y 2017.

También es un recordatorio de que la prevención, la preparación y la participación ciudadana pueden marcar una diferencia ante una emergencia real.

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