La disminución en el número de niños en comunidades rurales del municipio José María Morelos comienza a reflejarse no solo en los hogares, sino también en las aulas, donde la matrícula escolar registra cifras cada vez más reducidas.
Habitantes de la comunidad Pozo Pirata y zonas cercanas advierten que el relevo generacional es evidente. Nelsa Medina, habitante de la localidad, señaló que en años anteriores era común encontrar familias numerosas, con hasta siete o más hijos; sin embargo, actualmente la tendencia ha cambiado de forma significativa.
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“Ahora los padres jóvenes solo tienen dos o tres hijos. Todo está caro, sube la gasolina, aumenta todo, y eso influye”, explicó.
El fenómeno ya impacta directamente en el sistema educativo de comunidades como San Carlos, donde la baja población infantil ha obligado a implementar esquemas multigrado. En la primaria, una sola docente atiende a poco más de 20 alumnos de todos los grados, mientras que en secundaria apenas se registran ocho estudiantes y en nivel medio superior la cifra ronda los seis.
De acuerdo con testimonios locales, la comunidad cuenta con aproximadamente 30 a 35 familias, con una población total estimada entre 100 y 110 habitantes, lo que evidencia la limitada presencia de menores.
El contraste con décadas pasadas es marcado. Medina recordó que anteriormente los hogares eran más numerosos; en su caso, proviene de una familia de 10 hermanos, mientras que ahora ha decidido tener únicamente dos hijas.
Especialistas y pobladores coinciden en que el factor económico es determinante. El incremento en el costo de vida, sumado a la falta de oportunidades en zonas rurales, ha modificado la planificación familiar de las nuevas generaciones.
Aunque en localidades más grandes como El Naranjal aún se observa mayor presencia de niños, en comunidades pequeñas la reducción es cada vez más notoria, generando retos educativos, sociales y comunitarios.
Este cambio demográfico, silencioso pero constante, plantea un nuevo escenario para las comunidades rurales de José María Morelos, donde el relevo generacional comienza a reducirse al mismo ritmo en que aumentan los costos de la vida cotidiana