La falta de espacios para sentarse en el Aeropuerto Internacional de Cancún y la ausencia de una intervención visible de Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) ante los problemas que enfrentan los pasajeros volvieron a quedar en evidencia tras la cancelación de un vuelo que obligó a una turista del Estado de México a modificar sus planes y asumir gastos imprevistos.
Samantha, quien visitó Quintana Roo por vacaciones, relató que la aerolínea le notificó el pasado lunes que su vuelo de regreso, programado para ayer, había sido cancelado y reprogramado hasta el día 28, lo que representaba varios días adicionales de estancia.
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“Me afecta porque son gastos que uno no tenía previstos, son gastos que la aerolínea no se va a hacer responsable”, denunció la pasajera, quien acudió al módulo de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) para conseguir una solución.
Y aunque logró que le adelantaran el vuelo, además de recibir una indemnización equivalente al 25 por ciento y un vale de alimentos, no obtuvo apoyo para hospedaje. “Sí implica un gasto que no se tiene previsto”, advirtió al explicar que todavía debía resolver dónde permanecer mientras llegaba la nueva fecha de salida.
El caso también puso sobre la mesa las condiciones de espera en la terminal aeroportuaria, donde la falta de bancas obliga a los usuarios a permanecer de pie o sentarse en el piso mientras esperan para documentar o ingresar a las salas. “No hay bancas donde sentarse”, señaló Samantha, quien consideró que esta situación afecta especialmente a las personas adultas mayores.
La pasajera cuestionó que, pese al espacio disponible en determinadas áreas, no existan suficientes lugares para descansar durante las horas de espera. “Como atención al cliente, las autoridades aeroportuarias deberían poner más lugares en donde uno pudiera estar sentado”, planteó.
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Aunque la cancelación fue atribuida a la aerolínea, el episodio exhibe otra vez la experiencia de los usuarios dentro de una infraestructura concesionada a Asur, empresa responsable de la administración del aeropuerto, donde las necesidades de los pasajeros van más allá de abordar un avión.
En esta ocasión, la solución llegó mediante la intervención de Profeco, mientras la falta de asientos continúa como una queja recurrente entre quienes transitan por la terminal, porque la mala atención que reciben los viajeros en el aeropuerto con mayor tráfico internacional de México es evidente y la responsabilidad de Asur para garantizar instalaciones adecuadas para quienes deben esperar queda de lado, incluso cuando las afectaciones se originan en las operaciones de las aerolíneas.