Consumir productos en un aeropuerto puede ser una cuenta muy cara por pagar, y eso lo experimentan pasajeros nacionales e internacionales quienes pueden gastar cerca de 500 pesos por huevos y chilaquiles o bebidas y botanas, o hasta más de mil pesos en cuentas de restaurantes si se viaja en familia, los cuales se encarecen aún más los que están después de los filtros de seguridad y en áreas de espera próximas a abordar los vuelos.
Las tiendas de conveniencia ofrecen refrescos en precios más económicos, pero no baratos desde luego, siendo la opción más accesible. Pasajeros extranjeros mencionan que en otros países como en Estados Unidos, una cuenta por snacks como papas, refrescos y agua puede salir en 6 dólares por producto, mientras que pasajeros europeos mencionan que eso podría costar a lo mucho 5 euros. Por su parte, los mexicanos mencionan que no se pueden dar el lujo de gastar más de 500 pesos en una terminal aérea.
Viajar en transporte aéreo no solo es disponer del dinero para poder comprar los boletos de avión que nos llevará a nuestro destino, sino que también hay otros gastos que deben considerarse si la experiencia debe ser más amena. No solo existen costos elevados como los taxis y transportes que tienen tarifas elevadas, la presencia de maleteros irregulares o ya los mismos costos ocultos dentro de las aerolíneas.
Los precios de los productos y sus exorbitantes cifras fueron exhibidos por el creador de contenido digital Diego Saúl Reyna que, con base en sus vivencias al haber viajado por muchos países, relata que en el AIC los precios son una locura. El costo de productos puede ser de 250 pesos por un burrito en el mejor de los casos. Una simple agua, que desde luego es de una marca “premium”, puede costar hasta 119 pesos.
El creador de contenido también critica la práctica en las terminales que desechan todo tipo de comestibles y bebibles antes de entrar a los filtros de seguridad, pese a que muchas están aún selladas y los pasajeros deben tirarlos, perdiendo el dinero que pagaron, para luego tener que volver a comprar y gastar.
Termina mencionando que, es una práctica abusiva, ya que una gran parte de los desplazamientos dentro de México son con fines de negocios, familiares, laborales o incluso de urgencia, y ante la necesidad de comer o beber algo, los establecimientos dentro de las terminales abusan de sus precios.
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En un sondeo realizado en el AIC, los pasajeros mencionaron que es una “mala costumbre”, incluso por parte de los viajeros que compran sin que sea totalmente necesario, comentando que es con el fin de sacarse una foto para subir en redes sociales y compartir que se irán de viaje.
Como lo menciona el pasajero americano Oswald Grimes, quien refiere que en su caso antes de ir al aeropuerto desayunó muy bien en su hotel, pero se vio tentado a comprar un café frio y un pan. En eso se gastó cerca de 200 pesos (11.5 dólares).
"No era necesario desde luego, pero se me antojó y está mal porque de manera inconsciente lo hacemos. Pero no puedo hacer más que disfrutar mi café que ya me costó bastante".
Los pasajeros nacionales también recienten estos costos, como la pareja de July Solis y David Leal que regresan a Ciudad de México. Comieron en un restaurante de la terminal, donde por huevos y chilaquiles pagaron casi 600 pesos, incluso prescindiendo de consumir alguna bebida porque pudieron haber pagado más. Lo consideran un abuso, porque refieren que la comida es buena pero no justifica tales precios que no se ven ni en terminales aéreas en el extranjero.
"Muy caro. Casi lo que es la mitad de un boleto prácticamente. Para los paisanos es muchísimo y eso hará que para nuestra próxima visita no vengamos a consumir aquí, porque es de locos el precio".
Algunos comentarios en reseñas de plataformas de calificación de experiencias de viajes y en la publicación del creador del contenido, locales y viajeros experimentados recomiendan acudir a comercios al exterior de las terminales para poder consumir alimentos a un precio accesible y no desfalcarse antes de ni siquiera despegar.
De este modo, los turistas nacionales e internacionales muestran su queja ante los exorbitantes precios de los productos, entre la complicidad de estos y la necesidad real del consumo es como muchas veces pierden varios cientos de pesos o decenas de dólares en estos productos.