El histórico mercado “Ki-Huic”, ubicado en el primer cuadro de la ciudad, enfrenta el riesgo de desaparecer tras un 2025 marcado por bajas ventas, que dejaron a los comerciantes endeudados o con ganancias mínimas. Algunos locatarios analizan si renovarán sus licencias de funcionamiento, cuyo costo puede alcanzar los 10 mil pesos.
Comerciantes con más de 50 años en el lugar temen que sus días estén contados y cuestionan la falta de apoyos, promoción e incentivos para este sitio emblemático de la ciudad.
Este mercado fue el primer punto donde la población podía abastecerse de productos para la despensa. Antes de consolidarse en la venta de artesanías, en sus pasillos se comercializaban frutas, verduras, carnes, mariscos, alimentos preparados y productos de cremería, entre otros. Fue en la década de los 80 cuando adoptó su vocación artesanal, favorecido por su ubicación.
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Actualmente, gran parte del inmueble permanece cerrado debido a que antiguos propietarios, por su edad avanzada, dejaron de abrir sus cortinas.
Desde hace unos 10 años la crisis se agravó. Llegó la competencia con otros mercados de artesanías, también los vendedores ambulantes afectaron. “Pese a que estamos en una zona céntrica, es poco el apoyo que recibimos del Ayuntamiento, que olvida que aquí estuvimos desde los inicios”, mencionó un locatario.
La situación obligó al cierre de algunos locales, cuyos propietarios liquidaron mercancía como pudieron e incluso dejaron productos en el interior.
Los comerciantes señalan que el 2025 fue particularmente adverso en comparación con el año anterior, que calificaron como razonable. Para sostener sus negocios, varios contrajeron deudas de hasta 180 mil pesos por inventario sin vender.
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“No queremos que desaparezca el mercado. Hemos estado aquí durante décadas y sería una lástima que este sitio histórico, donde llegaban personas de las comunidades mayas para dar a conocer sus piezas, donde los extranjeros conocieron la cultura y se llevaron un recuerdo de nuestro destino turístico, se esté acabando”, expresó José Antonio, comerciante que trabaja desde los 18 años en el sitio.
Los locatarios confían en que la temporada vacacional de Semana Santa impulse las ventas y les permita obtener un respiro. También esperan respaldo de la sociedad y mayor reconocimiento a este mercado, que formó parte del desarrollo del naciente Cancún y acercó al turismo nacional y extranjero a la cultura local.