Los abusos de transportistas y los conflictos derivados de la sobreventa de vuelos continúan afectando la experiencia de los pasajeros en el Aeropuerto Internacional de Cancún (AIC). Ayer, un grupo de turistas colombianos esperaba las unidades mientras intentaba llegar a un acuerdo con prestadores del servicio, luego de que algunos denunciaran que pretendían cobrarles cantidades superiores a las esperadas.
Aunque la regulación de estos servicios corresponde a las autoridades competentes y no directamente a la administración aeroportuaria, para los visitantes la experiencia ocurre dentro de la principal puerta de entrada y salida de uno de los destinos turísticos más importantes de México. Por ello, cualquier conflicto termina asociándose con la imagen del destino.
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A esta situación se suman la sobreventa de vuelos, cancelaciones, largas esperas, reclamos por cobros excesivos e incluso la intervención de elementos de la Guardia Nacional, como ocurrió ayer en la Terminal 2.
Uno de los casos fue el de Christian Rodríguez, quien tenía una reservación para viajar a Monterrey acompañado de su esposa y su hija menor. Su plan era continuar posteriormente hacia McAllen, Texas, pero al llegar al aeropuerto le informaron que el vuelo estaba sobrevendido.
“Yo ya tengo mi reservación en el vuelo, pero resulta que llego aquí y me dicen: no, el vuelo se sobrevendió y tienes que esperar el otro”, relató.
La inconformidad generó un conflicto entre los pasajeros y la aerolínea, que además había cancelado dos vuelos con destino a Monterrey, por lo que fue necesaria la presencia de la Guardia Nacional. Christian aceptó la reprogramación. “Ya preferí dejarlo, la verdad, por mi salud y por no estresarme más”, comentó.
El pasajero señaló que la situación afectó la percepción que tenía de su viaje. “Ya perdí tiempo, ya me molesté, ya no es lo mismo, nuestra estancia estuvo bien hasta que llegamos al aeropuerto”, lamentó.
También aseguró que no era la primera vez que su familia enfrentaba una situación similar. Relató que sus hermanos tuvieron un problema durante una visita anterior a Cancún: tenían programado un vuelo por la mañana y terminaron viajando casi hasta las 10 de la noche.
En su caso, el retraso también complicaba el traslado posterior hacia McAllen, pues tenía previsto realizar el recorrido por carretera desde Monterrey y consideraba riesgoso hacerlo durante la noche.
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La recurrencia de estos conflictos fue confirmada por un elemento de la Guardia Nacional consultado en la Terminal 2, quien señaló que los agentes intervienen prácticamente todos los días por situaciones relacionadas con vuelos sobrevendidos o cobros excesivos de algunos transportistas.
Los problemas no se limitan a los vuelos y al transporte. Visitantes extranjeros también han señalado dificultades durante los procesos migratorios. Un turista caribeño, quien pidió reservar su identidad, explicó que las demoras pueden complicar su llegada al paraíso.
“Vengo a Cancún tres veces al año por temas de trabajo, pero siempre es lo mismo; en estos casos me parece que las autoridades del aeropuerto deberían intervenir para agilizar todo”, señaló.
Trabajadores consultados, cuyas identidades se mantienen bajo reserva, coincidieron en que existe una percepción de pasividad por parte de la administración aeroportuaria ante problemas que ocurren de manera cotidiana, particularmente los relacionados con aerolíneas, sobreventa de vuelos y transporte irregular.
Aunque las responsabilidades corresponden a distintas autoridades y empresas, para los turistas la distinción pierde relevancia cuando enfrentan un conflicto dentro del aeródromo o al salir de este. La experiencia termina vinculándose directamente con su percepción del destino.
El reto, por ello, no se limita a resolver un vuelo retrasado o una disputa por un cobro. Para los visitantes, Cancún también se juega su imagen en los primeros y últimos momentos de su estancia, cuando problemas con vuelos, transporte o trámites pueden convertirse en el recuerdo que se llevan del destino.